El Pacto Histórico tiene tres semanas para asegurar el triunfo en primera vuelta. Iván Cepeda y Aída Quilcué recorren el país con propuestas y discurso. El país se alista para elegir la continuidad de las reformas o volver al pasado

Por: Simón Palacio
@Simonhablando

En el Día Internacional de la Clase Trabajadora la candidata a la vicepresidencia Aída Quilcué fue contundente: “Trabajadores de Colombia: hoy, en este día de reivindicación de derechos, la voz del pueblo se levanta con dignidad, fuerza y esperanza por un país más justo. Hoy marchamos, resistimos y reafirmamos que la lucha por la vida, el trabajo digno y la justicia social sigue más vigente que nunca”.

No fue una declaración aislada. Fue el reflejo de una campaña que, a tres semanas de la primera vuelta, ha decidido volcarse a las calles. Por su parte, el candidato de la izquierda estuvo con los obreros, los sindicatos y la ciudadanía que salió a festejar en las principales plazas de Colombia las recientes victorias, siendo la más significativa la reforma laboral recién aprobada.

Será hermoso

Inspirado en la máxima de Bob Marley, Iván Cepeda, el candidato del Pacto Histórico, lanzó un mensaje que retumbó entre la multitud capitalina el pasado Primero de Mayo: “Levántate, mantente firme y lucha siempre por tus derechos”.

No fue una frase ocasional, sino una declaración de principios. En un momento en que la derecha quiere presentar al sindicalismo como un enemigo y revivir la estigmatización de décadas pasadas, Cepeda dijo que las reformas laborales no se negocian al son de los empresarios, se construyen con los que sudan la camiseta.

El pueblo colombiano, advirtió, ha adquirido plena conciencia de que este es el tiempo de los históricamente excluidos. Y cerró con una certeza de que ya no es solo un deseo: “Ganaremos en primera vuelta y será hermoso”.

Por su parte, en Cali, la fórmula vicepresidencial acompañó la marcha del Primero de Mayo con un mensaje que no admite eufemismos: “Los pueblos indígenas, afrodescendientes, campesinos y populares hemos sido excluidos históricamente. Por eso, hoy más que nunca, seguimos construyendo poder popular. El cambio no se detiene, porque la esperanza llegó para quedarse”.

Además de ser un símbolo en que el segundo Gobierno del cambio será incluyente, territorial y diverso, es una trabajadora comprometida con las luchas del pueblo.

Con confianza, sin confiarse

Pero hay algo más que los grandes medios no terminan de entender. El propio Cepeda habla de un “voto silencioso”, discreto, que no hace ruido en la calle, pero tiene una forma de verse en las encuestas de opinión pública, mostrando esa campaña siempre en primeros lugares de intención de voto.

La más reciente medición del Centro Nacional de Consultoría ratificó esa tendencia: Iván Cepeda se mantiene arriba, mientras la derecha se desangra en su propia división. Paloma Valencia ha cedido terreno ante Abelardo de la Espriella, quien remonta lentamente a la espera de errores en la campaña del Centro Democrático.

Es un voto de convicción por Cepeda y Quilcué. Se consolida con la base del Pacto Histórico y con la serie de encuentros con otras colectividades como la Alianza Verde y la mayoría de las curules de las circunscripciones de paz. Así se va acumulando una fuerza política considerable para la continuidad del proyecto del cambio.

Gabriel Becerra, dirigente del Pacto Histórico, detalló a VOZ los retos de la campaña, como consolidar el discurso político para dar continuidad al proyecto y fortalecer las alianzas que permitan ganar en primera vuelta. “No tenemos una actitud triunfalista. Vamos al trabajo concreto en dos carriles: el contacto masivo con la población —explicando los logros del Gobierno— y la política de coalición con fuerzas afines”, afirmó Becerra.

Sobre los encuentros con otros candidatos, fue enfático: “Los debates no son, por sí mismos, indicadores de democracia. Nuestra apuesta es el debate sin espectáculo”. Hasta ahora, la estrategia ha logrado posicionar a Iván Cepeda como un líder tranquilo, metódico y riguroso; un perfil que contrasta con sus competidores inmediatos, quienes han mostrado vacíos técnicos en áreas críticas como economía y derechos laborales.

Tres años de Gobierno del cambio han demostrado que otro país es posible. Es el campesino que recibió tierra, la madre que pudo pagar menos por sus medicamentos, el joven que accedió a una universidad pública. Ese voto no hace tendencia en X, pero el 31 de mayo se verá en las urnas.

Diálogo nacional

La propuesta que presentó Cepeda es contundente: el diálogo nacional. Advirtió que es una invitación, no una obligación, pero está empeñado en iniciar un diálogo con todos los sectores de la sociedad sobre temas fundamentales para el país.

El primero de ellos es una propuesta de cambios sociales que lleguen al parlamento ya negociados, para no hacer de ese camino un calvario como ha sido para el actual gobierno. “Si uno va a iniciar un camino de acuerdo, mal haría en comenzarlo con una amenaza”, dijo recientemente Cepeda. Una frase que resume su estilo: nada de arrogancia, nada de imposición, todo como una construcción colectiva.

La fuerza trabajadora, ese pueblo que ha recibido dignidad de la administración Petro, la gratitud de los pueblos olvidados de Colombia, es el reflejo del favoritismo de la candidatura de Iván Cepeda y Aída Quilcué. No es un apoyo comprado con dádivas ni con miedo: es un apoyo ganado con hechos, con tierras entregadas, con subsidios a los más viejos, con universidades públicas fortalecidas, con salud en los territorios más apartados.

Hostilidad mediática

Caso aparte es la pelea de los grandes medios de comunicación en contra de Iván Cepeda. Al punto que la campaña tuvo que reclamar con vehemencia lo que el propio candidato calificó como un “comportamiento esquizofrénico”.

Es llamativo ver a medios y periodistas que cada mañana someten al candidato a toda clase de insultos, descalificaciones, calumnias y groseros montajes, y luego, como si nada hubiera pasado, le reclaman entrevistas y espacios de diálogo. Cepeda fue claro: así no es. Por encima de todo, la dignidad. Su campaña no es una pasarela ni la vanidad de la exposición mediática. En el tiempo de la mentira, lo suyo es el poder de la verdad y el respeto mutuo.
Con información del Semanario Voz

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