Se realiza en Cartagena la Segunda Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural. En esta entrevista, la ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, habla de los logros y desafíos para Colombia y el mundo.

Por Miguel Herrera
Enviado especial
Cartagena

Cartagena recibe por estos días a delegaciones de todo el mundo para hablar de reforma agraria, de desarrollo del campo, de vías contra hambre y de seguridad alimentaria, con países líderes que compartirán sus experiencias, en la Segunda Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural.

El gobierno del presidente Gustavo Petro ha adelantado una histórica reforma agraria, que ha puesto al sector agropecuario colombiano en un importante lugar de la economía. La cumbre, que hace parte de la agenda de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), permitirá trazar las líneas del futuro de la humanidad en estos sectores.

La ministra de Agricultura, Martha Carvajalino, habló de la importancia de esta cita internacional y de la nueva visión, a propósito de la crisis climática.

Ministra, ¿cuál es el balance de la reforma agraria emprendida por el gobierno del presidente Gustavo Petro?

Desde el inicio de su gobierno fue ahondar en esa reforma agraria inconclusa en Colombia. Una reforma agraria, que por falta de voluntad, no había podido implementarse y que este gobierno, con las restricciones que ha tenido, pero implementando las herramientas jurídicas que tiene, impulsó, y la ha logrado impulsar fundamentalmente.

Socialmente, ¿qué se ha logrado con esa labor de más de tres años?

Hemos reconstruido el movimiento agrario, pueblos indígenas, comunidades negras y un campesinado víctima de la violencia, de la guerra, que se reconstruyó, que se reorganizó y que hoy tiene una voz vigorosa.

¿Cómo Colombia obtuvo la sede de esta cumbre de reforma agraria en Cartagena?

Con el mandato de la vía campesina fuimos a Roma al Consejo de Seguridad de la Alimentación de las Naciones Unidas a proponer albergar en Colombia, 20 años después, la Segunda Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural.

Hace 20 años en Brasil, el movimiento agrario del mundo se reunió con los estados y con la academia para trazar una hoja de ruta que nos permitió, años después, tener las directrices voluntarias de la gobernanza de la tierra, del agua, de la pesca y de los bosques.

Y ahora, ¿cuál es la visión, el propósito de este encuentro internacional?

Hoy nos volvemos a reunir acá, empujados por el movimiento agrario internacional, con la convicción de lo que viene haciendo el gobierno del presidente Gustavo Petro. Se restituye justicia, redignifica los territorios de las ruralidades campesinas, de los mandatos de los pueblos indígenas, de las reivindicaciones de las comunidades negras, que nos ha permitido crecer económicamente, que ha vuelto a poner de presente que es Colombia una potencia mundial agroalimentaria.

La cumbre tiene una agenda paralela. ¿De qué se trata?

Es un gran foro social, representantes de todos los continentes, de la academia y del movimiento social, que hacen antesala a esa segunda conferencia, que espera recibir a más de 100 países en delegaciones oficiales para trazar esa hoja de ruta de los próximos años en Colombia, en Latinoamérica y en el mundo, para el fortalecimiento de los sistemas agroalimentarios en lógica de justicia, de resiliencia y de sostenibilidad.

Colombia ha liderado internacionalmente la movilización por la crisis climática. ¿Cómo se articula con asuntos como la reforma agraria y el desarrollo rural?

En el marco de esa crisis climática hemos puesto la reforma agraria como un instrumento para hacer frente a esa crisis. Se trata de hacer compatibles dos objetivos de la humanidad: la de cuidar nuestros recursos y hacer frente a la crisis climática. Pero también la de producir alimentos y producirlos de manera suficiente y justa para cesar el hambre en la humanidad. Y esos dos objetivos se concluyen en el reconocimiento de la agricultura campesina, étnica, familiar y comunitaria, que en el mundo entero abastece el 80 % de los alimentos que consumimos en nuestras ciudades y que en manos de ellas están las tierras hoy, las tierras arables.

Desde esa perspectiva, ¿qué papel juegan los medianos y pequeños productores rurales?

Dentro de esa lógica, se permite plantearle al mundo cuál es el sistema de producción agroalimentaria que necesitamos. Y hoy encontramos en el movimiento social, en la academia y en muchos de los estados que acompañan esta conferencia, la decisión de apoyar a nuestros pequeños y medianos productores que diversifican su producción, que cuidan el suelo, los bosques y el agua, que permiten tener una relación distinta con la tierra, con el suelo.

¿Cuál es la expectativa en cuanto a lo que será la declaración final de la Conferencia Internacional?

Tenemos un mandato de proteger a las comunidades, de proteger el suelo, de recuperar nuestras fuentes hídricas para luchar contra el hambre y eso es lo que vamos a encontrar en Cartagena: un mandato y una declaración que convoca al mundo, que convoca al Sur Global, que convoca a los países del norte, a Europa, que nos convoca a todos a pensar en una humanidad sostenible, resiliente, pero fundamentalmente justa.

¿Qué se destaca de los países que participan en la Conferencia?

Esta conferencia tiene una importante representación de África y de Asia. La mayoría de los países que vienen acá pasan por discusiones frente a la relación de la tierra, de la protección de sus comunidades y de los sistemas agroalimentarios.​
Con información Presidencia de la República

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