Ministra de Educación Ilva Myriam Hoyos. Foto: Colprensa
Por Hernán Camacho
El nombramiento de Ilva Myriam Hoyos Castañeda como nueva ministra de Educación Nacional, en reemplazo de Viviane Morales –quien renunció alegando una situación familiar inesperada–, no es un relevo burocrático. Es la constatación de que el gabinete de Abelardo De la Espriella es un tablero de juego donde las iglesias se disputan el control de la educación pública, mientras la política privatizadora sigue su curso.
La renuncia de Morales ocurre antes de la citación a control por la reconstrucción del eje cafetero en la Comisión Sexta, por un debate de control político citado por la senadora María Eugenia Londoño del Pacto Histórico con el fin de evitar abrir las puertas a la privatización y el debilitamiento de lo público.
Un gabinete en disputa
La llegada de Hoyos revela el pulso interno en el gobierno. La iglesia cristiana, que hasta ahora tenía dos ministerios (Educación con Morales y Vivienda con Jaime Beltrán), cede espacio a la Iglesia católica. Hoyos es ultra católica, con alta influencia en la Conferencia Episcopal de Colombia, donde preside el Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado. Su nombramiento es el resultado de una puja de poder que se dirime en las entrañas del gabinete.
La nueva ministra no es una improvisada. Ha sido ternada en varias ocasiones a magistraturas del Consejo de Estado y de la Corte Constitucional, y ocupó el cargo de mayor rango en la Procuraduría Delegada para la Defensa de los Derechos de la Infancia. Desde allí mostró sus cartas: se opuso abiertamente a la “ideología de género” y ha sido una voz fuerte en el debate sobre el aborto y la educación sexual.
Una hoja de vida que no engaña
Su trayectoria pública y académica evidencia una concepción profundamente conservadora sobre derechos, sociedad y educación. Su producción intelectual alrededor del derecho “natural”, la familia y la libertad religiosa no deja dudas sobre el rumbo que imprimirá al ministerio.
La política que ya había iniciado Morales con el decreto 32629 de 2026 –que abre la puerta a la entrega de colegios oficiales a operadores privados y congregaciones religiosas– seguirá intacta. Con Hoyos al frente, esa misma política se ejecutará con un sesgo confesional más marcado, respondiendo a los intereses de la jerarquía católica.
La Senadora, el Pacto Histórico ha sido claro: enfrentará cualquier política que pretenda entregar la educación pública a intereses privados, precarizar la labor docente o hacer retroceder derechos conquistados por décadas de lucha social. A la nueva ministra se le exigen garantías concretas: fortalecimiento de la educación pública estatal, respeto a los derechos del magisterio y defensa de la escuela pública, pluralista, laica y democrática.
El cambio en el Ministerio de Educación es la constatación de que el gobierno de De la Espriella ha convertido el gabinete en un tablero de poder donde las iglesias se turnan para imponer su moral. Lo que está en juego no es quién ocupa el cargo, sino qué concepción de la educación se impone: si una que garantice el derecho a la educación pública, laica y de calidad, o una que subordine ese derecho a los designios de una moral religiosa particular.
Ilva Myriam Hoyos y la fe católica entran por la puerta del Ministerio de Educación, pero encuentran enfrente a una bancada del Pacto Histórico que no está dispuesta a permitir que la educación pública se convierta en un negocio ni en un instrumento de adoctrinamiento.
4 de septiembre de 2026