Por: Claudia Flórez Sepúlveda

Los resultados de las elecciones presidenciales muestran que Colombia no enfrenta simplemente el regreso de una derecha tradicional. Lo que hoy llega al poder hace parte de una corriente política transnacional que articula sectores empresariales, centros de pensamiento, plataformas digitales y poderosos intereses económicos más allá de las fronteras nacionales. No se trata de fenómenos aislados, sino de proyectos que comparten estrategias, discursos y objetivos políticos.

Esta nueva derecha sigue un mismo libreto, promete orden, seguridad y eficiencia mientras presenta al Estado como el principal obstáculo para el desarrollo. Convierte la confrontación permanente en una forma de gobierno y utiliza las redes sociales para instalar el miedo, desacreditar a la oposición y moldear la opinión pública. Su propósito no es solo ganar elecciones, sino redefinir el papel del Estado y consolidar un nuevo bloque de poder.

Los recientes anuncios de Abelardo de La Espriella confirman esa orientación. La eliminación de consejerías y agencias estatales, presentada como una política de austeridad, incluye la desaparición de instancias dedicadas a la reconciliación nacional, los derechos humanos y la implementación del Acuerdo Final de Paz. El argumento de reducir el tamaño del Estado reproduce una de las principales tesis del neoliberalismo contemporáneo.

Sin embargo, Colombia no tiene un Estado sobredimensionado y reducir su capacidad institucional no garantiza crecimiento ni bienestar. Por el contrario, el riesgo es que, bajo el discurso de la eficiencia, se debiliten las capacidades públicas destinadas a garantizar derechos y construir paz.

Detrás de estas decisiones existe un proyecto político más amplio: profundizar el modelo neoliberal, fortalecer la subordinación de Colombia a los intereses estratégicos de Estados Unidos, estigmatizar a la oposición y trasladar buena parte de la disputa política al terreno de la batalla cultural mediante redes sociales, plataformas digitales e inteligencia artificial.

La ofensiva conservadora no es invencible ni irreversible. También expresa las tensiones de un capitalismo atravesado por profundas crisis económicas, sociales y de legitimidad. La historia demuestra que ningún proyecto político logra consolidarse únicamente mediante la desinformación, el miedo o la concentración del poder. La capacidad de resistencia de los pueblos, la organización social y la movilización democrática siguen siendo factores decisivos para disputar el rumbo del país.

La tarea inmediata es fortalecer la unidad. El Partido Comunista Colombiano, el Pacto Histórico y las organizaciones sociales, sindicales, campesinas, indígenas, afrodescendientes, feministas, juveniles y ambientales, junto con los sectores democráticos y progresistas, vamos a construir una oposición amplia, unitaria y con vocación de mayoría.
15 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz

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