Abelardo de la Espriella. Foto licencia Creative Commons

En sus primeros días al frente del poder Ejecutivo, la extrema derecha ha develado las principales características de lo que será su proyecto político: miedo para los de abajo, jugosos negocios para los de arriba y obediencia para los de afuera

Por: Simón Palacio

Ha transcurrido un mes Abelardo de la Espriella como presidente de la República. Es un tiempo suficiente para develar lo que hay detrás de la “patria milagro”: militarización y guerrerismo, culto al poder, subordinación al imperialismo y una política económica orientada a beneficiar al capital y a las clases sociales privilegiadas.

De igual forma, la nueva administración, que en campaña prometió seguridad, autoridad y eficiencia un proyecto similar al “mano firme, corazón grande” de Álvaro Uribe Vélez en 2002–, ha dejado claro que el ejercicio de gobierno será, ante todo, una exhibición de fuerza en medio de una declarada batalla comunicativa.

Política de seguridad

La primera arista de balance es la política de seguridad. En apenas tres semanas se liquidó la política de Paz Total, se reactivaron los bombardeos y el país volvió a los titulares de la guerra, especialmente en regiones históricamente golpeadas por el conflicto armado, como el Catatumbo y Guaviare

En este retorno a la confrontación, no solo preocupa las afectaciones hacia la población civil, sino también la situación de los menores en la guerra, quienes, además de ser víctimas de reclutamiento forzado por parte de los grupos armados, terminan asesinados por un Gobierno sediento de resultados.

Todo lo anterior se materializa en la imagen sórdida del presidente De la Espriella caminando en medio de cadáveres después de un bombardeo a las disidencias de “Iván Mordisco”. En resumen, un mensaje político que convierte al enemigo en espectáculo y una demostración turbia de lo que será el uso de la fuerza en la “patria milagro”.

Subordinación a Estados Unidos e Israel Otro punto considerable es el cambio de 180 grados en la política exterior. En su primer mes, De la Espriella no solo desechó todo el trabajo del Gobierno progresista por reivindicar la soberanía de la región y diversificar las relaciones exteriores con el Sur Global, sino que además aceleró su alineamiento con Estados Unidos e Israel

El ingreso al denominado ‘Escudo de las Américas’, la autorización de operaciones militares estadounidenses en suelo colombiano, el restablecimiento de relaciones con la entidad sionista, el insólito reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán en Siria y el establecimiento de la embajada colombiana en la Jerusalén ocupada son decisiones que revelan lo que será la agenda de política internacional en la “patria milagro”.

La soberanía nacional es la gran sacrificada en este giro de la política exterior. Al convertirse Colombia en un satélite de la agenda internacional de los Estados Unidos, muchos acuerdos económicos, políticos y culturales serán desestimados.

En esa perspectiva, considerando los actuales intereses estadounidenses en la disputa geopolítica, Colombia se encamina a desechar el acercamiento a los BRICS y la integración con América Latina, África y Asia, así como abandonar los compromisos logrados con la República Popular China vinculados con la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Lo ancho pa´ ello

Es altamente contradictorio que De la Espriella haya llegado al poder con un discurso en contra de las élites tradicionales, pero en menos de un mes ha dejado claro que todo era parte de una estrategia mentirosa de marketing político. “Los nunca” terminaron siendo “los de siempre”. Aunque lo anterior era previsible, los hechos han demostrado que todo fue una farsa. El plan de emergencia económica para afrontar el terremoto del 10 de agosto y la presentación del proyecto de Presupuesto General de la Nación, ponen de manifiesto que las poderosas élites empresariales volverán a tener la conducción de la política económica en el país.

Para el caso de la reconstrucción después del terremoto, el llamado “Plan Marshall para el Chocó”, se contemplan inversiones y proyectos de infraestructura con participación de grandes capitales, donde salen a relucir nombres como Jaime Gilinsky, David Vélez, Luis Carlos Sarmiento Angulo o la casa Char entre otros cacaos.

Aunque la participación de privados no es una situación negativa en sí misma, sí es importante ubicar el mensaje que transmite el hecho que sea el Poder Ejecutivo quien delegue y presente a los grandes capitales como la salvación de territorios históricamente olvidados –paradójicamente por esas mismas élites económicas y políticas–.

Además, dejar las prioridades de la reconstrucción a los intereses de los grandes empresarios aumenta la incertidumbre frente a una emergencia económica que puede ser aprovechada para enriquecer a unos pocos a costa de la tragedia de la ciudadanía damnificada.

La nueva ley del embudo

Finalmente, existe la intención de concretar cambios drásticos en la política social del anterior gobierno: renuncia total a la reforma agraria, ajustes severos en el sector de educación, impulsar una contrarreforma pensional y laboral, entre otras iniciativas regresivas

Es cierto que es imposible balancear un gobierno a tan solo un mes de posesionado, pero también es cierto que las señales enviadas hasta el momento dejan claro el camino que tendrá la “patria milagro” en los siguientes cuatro años.

Gobernar no es bombardear, exhibir cadáveres, obedecer a Washington y Tel Aviv, ni entregarse a los grandes capitales. Dirigir un país democrático es garantizar derechos, proteger la vida y administrar los recursos públicos con transparencia.

Un mes después de su llegada al poder, el “tigre” prometido en campaña ya mostró sus garras. Un libreto que parece un vallenato: miedo para los de abajo, jugosos negocios para los de arriba y obediencia para los de afuera. La nueva ley del embudo.
10 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz

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