Foro Organicemos la desobediencia en el salón cultural Luis A. Morales en el emblemático barrio Policarpa Salavarrieta. Foto Gabriel Ramón Pérez

Las dirigencias del Partido Comunista, la Unión Patriótica y la JUCO socializaron la ruta para enfrentar el nuevo gobierno de ultraderecha. La unidad del Pacto Histórico, la movilización popular y la creatividad Organizar la desobediencia civil “La resistencia es nuestro ADN” se perfilan como armas de disputa cultural y política

Redacción Política

El pasado 4 de julio, el barrio Policarpa Salavarrieta en Bogotá, fue escenario de un foro que no fue un acto de campaña ni una despedida, sino una declaración de principios.

Bajo el nombre Organicemos la desobediencia, la comunidad se reunió para escuchar a la secretaria general del Partido Comunista Colombiano, Claudia Flórez; a la presidenta de la Unión Patriótica, Aída Avella; al secretario de la misma colectividad, Gabriel Becerra; y a la dirigente juvenil Viviana Marín. No hubo discursos grandilocuentes, pero sí música, alegría y la certeza de que la lucha por el cambio no ha terminado, sino que ha entrado en una nueva fase.

El foro fue un espacio para reflexionar sobre los retos y las tareas del movimiento social y político lideradado por el Pacto Histórico. Los resultados electorales de la segunda vuelta, que dieron la victoria a Abelardo de la Espriella por menos del 1% de los votos, obligan a una lectura cuidadosa. La diferencia fue mínima, pero suficiente para que la derecha regrese al poder.

Frente a este escenario, la dirigencia del Pacto Histórico coincidió en un diagnóstico: la unidad es el instrumento más importante del pueblo colombiano y debe ser la prioridad para enfrentar lo que viene.

La resistencia del PCC

En su intervención, Claudia Flórez fue contundente: “Hicimos todo lo que estuvo humanamente posible. Fue nuestro compromiso revolucionario para avanzar y seguir en el proceso de cambio que ha significado el gobierno de Gustavo Petro y liderado por el Pacto Histórico”.

No hubo autocomplacencia, sino un balance sincero. La dirigente reconoció que, aunque el resultado electoral fue un revés, el proceso de la izquierda y el progresismo también avanzó en otros frentes: en la representación en el Congreso, en los procesos territoriales y en la organización popular.

“Perdimos numéricamente por menos del 1%, eso significa que alrededor de 13 millones de colombianos están con este proyecto”, recordó Flórez. La diferencia es tan estrecha que la disputa sigue abierta. “La construcción de esa Colombia donde podamos superar y seguir ganando nuestros derechos continúa”, afirmó.

Asimismo, lanzó una advertencia: “La izquierda ha avanzado en su representación en el Congreso y también en procesos territoriales y organizativos. Tal vez nos faltó más, y tenemos que seguir reflexionando sobre cómo logramos llegar a más gente, cómo logramos flexibilizar nuestras iniciativas para atraer a más personas a esta idea de país”.

Pero la frase que resonó con más fuerza fue su declaración de principios: “El tema de la resistencia ha sido parte del ADN que ha tenido el partido. No es la primera vez”. Y añadió un dato clave: “Esta vez vamos a tener una oposición con una fuerza muy importante en el Congreso, sumado a dinámicas de movilización social que hoy necesitamos unir para enfrentar lo que se viene”.

La denuncia en el territorio

La presidenta de la Unión Patriótica, Aída Avella, puso el dedo en la llaga de las elecciones. Denunció que en Norte de Santander recibió quejas de comunidades que fueron presionadas por narcotraficantes que hicieron “vaca” para apoyar a la derecha. “Sí señores, allá estuvieron ellos haciéndole campaña al otro señor en una zona tan difícil como es el Catatumbo”, afirmó.

Avella también advirtió sobre las amenazas a la reforma agraria: “Diariamente vamos a continuar con la reforma agraria. Ya llegó una denuncia de Puerto López de que unos señores llegaron a desterrar a la gente, y la gente no se fue. Van a estar ahí”.

Destacó que, pese a las limitaciones, la Agencia Nacional de Tierras ha recibido denuncias penales contra narcos que han intentado despojar a campesinos que por primera vez reciben tierras.

“Hay un denuncio penal contra un narco que quiso sacar a los campesinos pobres que por primera vez reciben unas hectáreas de tierra”, subrayó.

A vencer el discurso de miedo

Por su parte, el representante a la Cámara por Bogotá, Gabriel Becerra, miembro de la dirección política del Pacto Histórico, hizo un análisis crudo de la derrota electoral.

“El discurso de miedo logró penetrar la conciencia y el corazón de mucha gente que, aunque fuere obrera, aunque recibía el beneficio de la educación gratuita para los jóvenes y aunque recibía el beneficio del adulto mayor, pensó que su proyecto de vida estaba del lado de ese señor que representa la ultraderecha”, reflexionó.

Becerra llamó a no mirar solo hacia adentro, sino a hablarle al ciudadano de afuera, al trabajador humilde que votó por De la Espriella a pesar de que ahora le pueden acabar con el empleo formal y le pagarán por horas: “Perdimos una batalla, no la guerra. Que viva la unidad del pueblo de Colombia”.

La juventud como motor

La dirigente juvenil Viviana Marín, de la Juventud Comunista Colombiana, intervino para reclamar el lugar de los jóvenes en la política: “Hoy la campaña de Gustavo Petro, pero sobre todo en la segunda vuelta, nos deja una lección: los jóvenes necesitamos que nos permitan estar, que nos permitan hacer política”. Criticó que, en general, la juventud casi no está presente en la discusión política ni en las decisiones que se toman.

“Creo que cuando les permitimos y les damos material para hacer cosas, pues pasa lo que pasó en la segunda vuelta en la calle: que creo que todos y todas lo vimos”, afirmó Viviana Marín, refiriéndose a los repertorios de movilización que los jóvenes desplegaron durante la campaña.

El foro cerró con un llamado a la defensa del Pacto Histórico como instrumento político. “No podemos permitir que nos lo dividan interna o externamente”, advirtieron los dirigentes. La propuesta es abrir espacios de participación –como asambleas y cabildos abiertos en localidades y regiones– para que la gente exprese su balance y vea que en el Pacto está el instrumento que el pueblo necesita para seguir avanzando.

La resistencia no es una opción, es nuestra historia. Vamos a seguir adelante con creatividad, inteligencia y organización. Porque esta batalla no se ha acabado: apenas está cambiando de escenario.
12 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz

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