Los balones entregados por De la Espriella a los niños chocoanos, tienen el logo de Defensores de la Patria, nuevo partido político reconocido por el CNE. Foto cortesía

En esta crónica de ficción periodística se relata la respuesta coordinada del Gobierno a uno de los primeros milagros que se verán en los próximos cuatro años

Por: Pablo Arciniegas

Justo cuando la moral de Quibdó estaba en lo más bajo y los hospitales a punto de reventar con heridos por el terremoto, un milagro ocurrió el sábado 15 de agosto a orillas del Atrato. El presidente Abelardo de la Espriella aterrizó en la ciudad y se asomó por la puerta de su camioneta para arrojarles balones de fútbol a los chocoanos, quienes, apenas tocaban el esférico, borraban la angustia de sus rostros y olvidaban que estaban pasando hambre.

“Construiremos las primeras viviendas con balones de fútbol, en la historia del país”, anunció el ministro del Interior, Rodrigo Lara, quien, para mantenerse lejos del Congreso quedó como encargado de administrar el milagro. Según Lara, los balones son un excelente material porque rebotan en caso de otro sismo y, si hay inundaciones, dan flotabilidad. “Planeamos tumbar el 80% de las estructuras de Quibdó, incluidas las palafíticas, y reemplazarlas por este tipo de casa”, agregó.

Más voces del gabinete han propuesto otros usos para las pelotas del primer mandatario. Juliana Gutiérrez, ministra del Deporte, viajó a Quibdó para inaugurar el primer Premio Nacional Iván Duque de veintiuna, modalidad “cabecita”.

“Un balón de fútbol es lo mejor que les podemos dar a los chocoanos, porque se ponen a jugar y se les olvida que se les cayó el techo encima”, resaltó la ministra, que ya comprometió a su hermano, el alcalde de Medellín, para dictar una cátedra de pases por los municipios afectados.

Sancocho de balón

Tal vez la idea más arriesgada hasta el momento sea la que compartió Paola Holguín, ministra de las Culturas: “Encontramos que los balones son totalmente comestibles. El sancocho de su cuero ablandado, con arroz mazacotudo y yuca, sabe a la capacidad de adaptación de los sobrevivientes”. Según ella, este caldo tiene el potencial de acabar con el hambre en el litoral.

De las iniciativas de la Patria Milagro, la más esperada en Quibdó es Balón Salud, la primera EPS de este gobierno, que planea una reforma al sistema por seis billones de pesos para reubicar a 2470 artesanos de Monguí, Boyacá, expertos en balonística, y ocuparlos en fabricar material quirúrgico y de personal médico a partir de las pelotas de De la Espriella.

“Estamos hablando de camas, mesas de operación y bombas para las máquinas que mantienen la respiración de los pacientes. En el COVID, los médicos y las enfermeras trabajaron vestidos con bolsas de basura. Era nuestra responsabilidad ser recursivos”, mencionó la ministra de Salud, Ana María Vesga, quien fue presidenta del muy transparente y humano gremio de las EPS, Acemi.

Inflar la patria

José Manuel Restrepo, el Vice, es quien, al parecer, coordina estas acciones desde los distintos frentes del Gobierno. “Ya contamos con un crédito del Departamento de Estado, gestionado por el senador Bernie Moreno, para inflar lo máximo posible los balones del presidente y reconstruir la mitad de Cali y Manizales en tiempo récord”, dijo Restrepo.

Pero si el Vice es el ejecutor, el canciller Omar Bula es el profeta. En su libro El Plan Maestro ya había anticipado con precisión el mandato de un hombre mitad tigre, mitad tenor. “…y tendrá tres nacionalidades. Será el elegido para evitar que George Zoros se apodere de Latinoamérica. Regalando balones de fútbol devolverá la esperanza a las víctimas de una catástrofe”, dice el texto, que es considerado los pergaminos del Mar Muerto de la derecha.

El milagro del presidente De la Espriella también generó fuertes reacciones entre los líderes de opinión de Colombia. Vicky Dávila manifestó: “Se va a volar, Petro se va a volar, hay que construir un cerco con los balones alrededor de su casa para que no se vuele”. Mientras que Felipe Zuleta, desde la tribuna de Mañanas Blu, se refirió al hecho diciendo: “Ya hubiera querido estar yo en Quibdó ese día para agarrar alguna de las pelotas del jefe de Estado y entregarme a la dicha con los chocoanos”.

Pelotas con Pegasus

Desde la otra orilla, Daniel Coronell publicó un informe sobre cómo una empresa israelí que contribuye a la guerra en Irán estaría detrás de la producción de los balones que regaló el presidente. “Hay grandes sospechas de que estos elementos deportivos contienen un chip con el software Pegasus”, indicó el periodista durante El Reporte.

Esta denuncia tiene indignados a más de doce millones de colombianos, que saben muy bien que los balones de fútbol de De la Espriella, además de ser una descarada burla de la grave situación de la región que fue el epicentro del terremoto, son una distracción para no hablar de que el primer bombardeo de este gobierno pudo ser un falso positivo, o que en las entrañas de su partido se está fraguando un plan para desfinanciar el Ministerio de Educación.

Sin embargo, que la última palabra de esta crónica le corresponda a Jaime Andrés Beltrán, ministro de Vivienda que hasta ahora aparece y que fue visto por última vez tomando unas merecidas vacaciones en las playas de Santa Marta, al mismo tiempo que se están cayendo doce mil casas en el occidente del país:

“Nunca abandoné mis responsabilidades; solamente soy un empleado con mucha flojera de regresar a trabajar después del puente. Más empatía, por favor”, afirmó.
19 de agosto de 2026
Con información del Semanario Voz

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