Bogotá D.C., 25 de agosto de 2026
A la familia del Padre Javier Giraldo Moreno,
a sus hermanos y hermanas de la Compañía de Jesús,
a las comunidades que acompañó,
a las víctimas del conflicto armado y al pueblo colombiano:
Recibimos con profundo dolor la noticia de la muerte del padre Javier Giraldo Moreno, S.J., un hombre cuya vida estuvo consagrada a una de las causas más nobles y difíciles, la defensa de los pobres, de las víctimas, de las comunidades perseguidas y del derecho de nuestro pueblo a vivir en paz con dignidad y justicia.
Durante décadas, el padre Javier decidió estar del lado de quienes casi nunca tuvieron poder para hacer escuchar su voz. Investigó, documentó y denunció los crímenes cometidos contra campesinos, trabajadores, comunidades populares y defensores de derechos humanos. Su trabajo en el CINEP y en la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, contribuyó a preservar una memoria que algunos quisieron borrar y a convertir el testimonio de las víctimas en una exigencia de verdad.
Su acompañamiento a la Comunidad de Paz de San José de Apartadó constituye uno de los capítulos más importantes de su vida. Allí estuvo junto a campesinos que decidieron resistir al horror de la guerra sin convertirse en parte de ella.
Defendió su derecho a permanecer en su territorio y a construir una comunidad fundada en la paz y la dignidad.
Javier Giraldo entendió que la paz no podía reducirse al silencio de las armas. Para él, era necesario mirar las raíces históricas de la violencia, enfrentar la impunidad, reconocer a las víctimas y transformar las estructuras que reproducen la desigualdad y la exclusión. Esa mirada crítica estuvo presente también en su aporte a la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas.
Desde el Partido Comunista Colombiano, integrantes del Pacto Histórico, reconocemos en él a un sacerdote que hizo de la opción por los pobres una práctica concreta; que comprendió que acompañar a las víctimas significaba también enfrentarse a los poderes responsables de su sufrimiento; y que asumió, con enorme valentía Ya, los riesgos de decir la verdad en un país donde tantas veces decirla ha costado la vida, el exilio o la persecución.
Su voz fue incómoda para los poderosos, pero necesaria para Colombia.
Hoy despedimos Físicamente a Javier Giraldo, pero su obra permanece en la memoria, en las comunidades que acompañó, en quienes aprendieron de su compromiso y, sobre todo, en las víctimas que encontraron en él a alguien dispuesto a escucharlas, creerles y defenderlas.
Su muerte deja un vacío profundo. Pero también nos deja la responsabilidad de hacer que la memoria de las víctimas no sea sepultada, que la verdad no sea negociada y que la paz siga siendo una tarea de toda la sociedad colombiana.
A su familia, a la Compañía de Jesús, a sus compañeros y compañeras de camino y a todas las comunidades que hoy lo lloran, nuestro abrazo solidario.
Hasta siempre, Padre Javier.
COMITÉ EJECUTIVO CENTRAL