Colegio de Dosquebradas afectado en su infraestructura por el terremoto del 10 de agosto. Foto Hernán Camacho
La tragedia del terremoto deja a 1.615 estudiantes de Dosquebradas por fuera del sistema educativo. La crisis en el departamento es peor que en los tiempos de la pandemia.
Por: Hernán Camacho
Mes y medio después del terremoto, no ha pasado nada en Risaralda. Los niños son las principales víctimas. Solamente en Dosquebradas, municipio aledaño a Pereira, persisten las dificultades: no hay aulas suficientes, falta transporte, el PAE es insuficiente, no hay conectividad, no existen recursos suficientes para recuperar la infraestructura y tampoco hay un plan de contingencia ni de recuperación a corto plazo. Mientras tanto, el Gobierno nacional anuncia que el 90 % de los niños ya regresó a clases.
En Pereira y otras ciudades afectadas por el terremoto, la vida cambió para siempre después de las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026. Casi un mes y medio después, la región intenta levantarse en medio de una desolación que inunda la vida cotidiana. El polvo continúa flotando en el ambiente como consecuencia de los escombros y de las labores de remoción, que avanzan en muy pocos sectores de la ciudad.
¿Dónde están?
Pero entre los escombros hay otra tragedia que avanza en silencio. En Dosquebradas, 1.615 estudiantes aparecen retirados del sistema educativo oficial. La cifra está registrada en el Sistema Integrado de Matrícula, SIMAT, con corte al 1 de septiembre de 2026, y corresponde a estudiantes retirados de 21 instituciones educativas oficiales del municipio
El dato no significa, por sí solo, que todos hayan abandonado definitivamente sus estudios. Algunos pueden haberse trasladado con sus familias o cambiado de institución. Pero sí constituye una señal inequívoca de interrupción de trayectorias educativas y obliga a una pregunta que todavía no tiene una respuesta pública suficiente.
VOZ recorrió tres colegios en dos municipios de Risaralda para conocer las consecuencias del terremoto 45 días después. En Dosquebradas, la visita a dos instituciones educativas permitió comprobar que detrás de las cifras hay historias de miedo, familias desplazadas, viviendas destruidas, profesores heridos y comunidades que todavía intentan comprender lo ocurrido. El terremoto no solo derrumbó edificios: alteró las condiciones materiales que hacen posible que un niño o una niña llegue todos los días a la escuela.
El reporte de infraestructura educativa registra 186 sedes oficiales afectadas en Dosquebradas, relacionadas con 85.312 estudiantes. De ellas, 34 presentan daños graves y 42 daños parciales. En total, son 76 sedes con daños graves o parciales que concentran 48.104 estudiantes. A esto se suma un agravante: si la familia perdió su vivienda o su fuente de ingresos, la educación pasa a un segundo plano frente a la necesidad urgente de sobrevivir. Eso es lo que comienza a aparecer detrás de los 1.615 estudiantes retirados del SIMAT en Dosquebradas
La historia de Roger
En la Institución Educativa Fabio Vásquez Botero de Dosquebradas, el terremoto tuvo una dimensión todavía más dolorosa. No solamente quedaron aulas destruidas. Hubo víctimas humanas.
El rector Julio Andrés Hurtado relató el desplome de la estructura superior donde funcionaban seis aulas. Según su testimonio, más de 30 personas resultaron heridas, seis docentes sufrieron lesiones y un estudiante de grado 11 murió. Uno de los profesores tuvo que ser hospitalizado por una afectación en la columna. El restaurante escolar de la institución fue habilitado como centro de acogida y acopio de ayudas para el colegio y las familias de los estudiantes más vulnerables.
Roger se encontraba en el corredor cuando comenzó el movimiento. Primero corrió para alertar a sus compañeros. Cuando la estructura comenzó a colapsar, regresó para ayudar a sacar a otros estudiantes que habían quedado atrapados. Varios lograron salir. Roger no.
Muy cerca estaba uno de sus profesores. El docente intentó auxiliarlo. Quiso llegar hasta el estudiante y sacarlo, pero la estructura había caído de tal manera que el muchacho quedó prácticamente atrapado bajo una viga. El profesor permaneció allí mientras las condiciones del edificio hacían casi imposible el rescate. Como consecuencia de lo ocurrido, sufrió una profunda afectación psicológica y hoy permanece en una clínica de reposo.
En medio de aquella evacuación quedó otra historia para la memoria. Una estudiante se detuvo para ayudar a una compañera que había quedado atrapada y no podía moverse. Cuando intentaba continuar la evacuación, una pared cayó sobre su pierna y se la fracturó en tres partes. Los profesores recuerdan esas escenas con una mezcla de dolor y orgullo. Algunos pueden narrarlas. Otros tienen que detenerse.
Los niños que guiaron a su profesor
El Megacolegio de Dosquebradas, identificado en la información de campo como Colegio Diocesano, es una institución entregada aproximadamente un año antes del terremoto
La inversión aproximada fue de 13.000 millones de pesos: 10.000 millones destinados a infraestructura y 3.000 millones a dotación y mobiliario. Tenía capacidad para 1.300 estudiantes y 23 aulas, además de biblioteca, laboratorio y otros espacios. La infraestructura resultó gravemente afectada.
Y allí, paradójicamente, también aparecen historias que hablan de la capacidad de los niños para proteger a otros. “Profe, nosotros salimos con usted. Agárreme la camisa y no se mueva sin nosotros”. La frase todavía resuena en la memoria de quienes estuvieron allí. La dijeron estudiantes de cuarto de primaria a su profesor de ética, un docente con discapacidad visual que, cuando comenzó el terremoto, necesitaba de sus alumnos para encontrar el camino hacia un lugar seguro. Ellos lo tomaron de la camisa y lo guiaron hasta salir del edificio.
En otra aula, una profesora de preescolar reunió a sus niños en la puerta y se dispuso a sacarlos. Entonces recordó que las llaves del salón habían quedado en la portería. Decidió no hacerlos entrar nuevamente. Minutos después, el techo de ese mismo salón se vino abajo. El olvido de una llave terminó evitando una tragedia.
25 de septiembre de 2026
Con información del Semanario Voz