Bandera de la victoria sobre el Reichstag. Foto Vladimir Grebnev / RIA Novosti

En honor al sacrificio del pueblo soviético. El aniversario de la derrota del nazismo es un buen motivo para reflexionar sobre el legado que nos dejaron nuestros predecesores y recordar la importancia de preservar la memoria histórica

Por: Nikolay Tavdumadze (*)

En Rusia, así como en todos los países de la antigua Unión Soviética, el 9 de mayo no es una fecha cualquiera. Ese mismo día, pero en 1945, se formalizó la derrota del ejército de la Alemania nazi que había desatado la guerra más sangrienta en la historia de la humanidad.

Para la URSS, la Gran Guerra Patria fue una lucha por el derecho de existir y gozar de libertades fundamentales. Si no fuera por la hazaña de nuestros ancestros (entre ellos mi padre) que lograron detener y vencer la plaga marrón en el continente europeo, es difícil imaginarse en qué mundo viviríamos hoy. Sin embargo, la memoria de la lucha contra el nazismo hoy se ve amenazada por las corrientes del revisionismo histórico.

El sacrificio que salvó a la humanidad

Como decimos nosotros en Rusia, el Día de la Victoria es una fiesta con lágrimas en los ojos, pues el precio que pagó el pueblo soviético es enorme: 27 millones de vidas humanas. Esto incluye tanto las pérdidas irreparables en los frentes de batalla, como las muertes de la población civil por el hambre, bombardeos y masacres en los campos de concentración.

La URSS luchó con todos sus recursos humanos, industriales y militares para quebrar la potente maquinaria de guerra de Hitler. La ayuda de los aliados contribuyó significativamente a repeler la invasión alemana, pero es innegable que la Unión Soviética hizo el aporte decisivo a la derrota del nazismo.

Fue en Moscú, Leningrado, Kursk, Stalingrado y otras ciudades donde se forjó la futura victoria. Desde allí, los soldados del Ejército Rojo caminaron hasta Berlín, liberando no solo su propio país, sino también el resto del continente.

No a la falsificación de la historia

Toda persona que conoce la verdad sobre la Segunda Guerra Mundial observa con indignación y preocupación la masiva campaña de falsificación de la historia desatada en Occidente. Varias naciones buscan minimizar el papel de la Unión Soviética en la derrota del nazismo y apropiarse del derecho a la victoria.

Unos manipulan los datos históricos e intentan ocultar de su población que el Ejército Rojo liberó los campos de concentración, como Auschwitz, y trajo soberanía a distintos Estados europeos. Otros destruyen las estatuas en honor de los soldados soviéticos bajo las inventadas acusaciones de ocupación. Para colmo, en varios países se permiten marchas de grupos neonazis que alaban a los dirigentes del Tercer Reich y sus colaboradores.

La falsificación de la historia no es un error académico, sino una herramienta política utilizada para deslegitimar el papel de Rusia, como sucesor de la URSS, en el orden internacional actual.

En Rusia, la memoria histórica sobre la Gran Guerra Patria tiene un carácter verdaderamente sagrado. En cada hogar hay sus propios héroes, familiares que lucharon hasta sacrificar sus vidas en las batallas para proteger al país y al resto del mundo del nazismo.

Pero el discurso no se centra exclusivamente en la victoria militar. Las investigaciones han revelado las verdaderas escalas del exterminio de civiles soviéticos. La erradicación de las poblaciones eslavas y otras minorías bajo la premisa de la “inferioridad racial” fue uno de los objetivos centrales de los invasores.

En este contexto, el 25 de diciembre de 2025 el presidente Vladimir Putin firmó un decreto estableciendo el 19 de abril como el Día de Conmemoración de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético perpetrado por los nazis y sus cómplices durante la Gran Guerra Patria de 1941 a 1945.

Fantasma del neonazismo

En 2026 también se celebra el ochenta aniversario de los Juicios de Núremberg, lo que nos recuerda que el nazismo no solo fue derrotado militarmente, sino también castigado por la ley internacional.

Este tribunal, que sentó las bases para el derecho penal internacional, sentenció que la ideología de superioridad racial –el nazismo– fue un mal absoluto que conllevó a los graves crímenes de lesa humanidad. Por eso, la cúpula del régimen nazista responsable de las horribles atrocidades fue condenada a la muerte.

Dicho esto, no puede menos que suscitar alarma el resurgimiento de la ideología nazista en Europa, especialmente en Ucrania. La glorificación en este país de figuras como el criminal condenado en Núremberg, Stepán Bandera, y la utilización de los símbolos neonazis en el Ejército nacional son señales claras de que las lecciones del siglo XX están siendo olvidadas.

Permitir que los admiradores de Hitler sigan viviendo tranquilamente cerca de las fronteras de Rusia, bombardeando diariamente durante ocho años hasta 2022 a sus connacionales solo por hablar en ruso y no reconocer el golpe de Estado de 2014 en Kiev, significaría relegar al olvido la heroica hazaña de nuestros abuelos y bisabuelos, incluso del abuelo del actual presidente de Ucrania.

La operación militar especial que realiza Rusia tiene como uno de los objetivos desnazificar este país y erradicar la posibilidad de que las manifestaciones de esta ideología violenta vuelvan a aparecer.

Un legado irrenunciable

Preservar la memoria histórica no es solo mirar al pasado, sino también poder aplicar sus lecciones para dar respuestas a las realidades del presente. No se puede construir un futuro sólido sobre las cenizas de una historia distorsionada.

Los herederos de los vencedores de 1945 tienen la misión sagrada de transmitir la verdad a las generaciones venideras. El Día de la Victoria seguirá siendo un recordatorio constante para el resto del mundo: Rusia siempre protegerá la verdad de su Gran Victoria.
(*) Embajador de la Federación Rusa en Colombia
Con información del Semanario Voz

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