La candidatura presidencial del Pacto Histórico traza un horizonte hacia una política de igualdad. Foto Comunicaciones Iván Cepeda

Ningún candidato presidencial ni aspirante a otros cargos había basado su estrategia en textos programáticos escritos y leídos ante la masa popular. Aquí, varias de las propuestas principales que Cepeda le hace al pueblo colombiano

Por: Zabier Hernández Buelvas
vozdirector@gmail.com

El programa del Pacto Histórico, que se extenderá en Colombia de 2026 a 2030, está basado en las tres propuestas esenciales y estratégicas: las tres revoluciones; y un lema de alto contenido político y filosófico: “El poder de la verdad”.

Podría decirse sin exageración que, con la victoria de Gustavo Petro en el 2022 y la victoria venidera de Iván Cepeda, se inició y se configura una era del gobierno de los filósofos, idealizado por Platón en su obra La República. El gobierno de los sabios que saben que el poder y la democracia real emana del pueblo. Es el gobierno de los mejores que mandan obedeciendo al pueblo, concepto que proviene de las prácticas ancestrales de las comunidades indígenas de Chiapas, popularizada por el Subcomandante Marcos.

El programa de gobierno, contenido en las cartas que Iván escribe y lee ante las masas, está basado en la experiencia histórica de lucha de los pueblos de América Latina. No es gratuito que haya lanzado su candidatura en Nariño, pueblo de importantes experiencias populares y ancestrales.

“Tomo esta decisión en obediencia a la voluntad colectiva. No entiendo la política como el mero ejercicio de aspiraciones personales, sino como un compromiso con las causas justas y con el mandato del pueblo” afirmó el candidato en Pasto.

Las tres revoluciones

“No basta con transformar las condiciones materiales de vida. Necesitamos una auténtica revolución ética, una revolución de conciencia, que comience en lo más profundo de cada uno y cada una de nosotros. Una transformación que nos libere de la indiferencia ante el dolor ajeno, que rompa con el desprecio por la vida digna y nos devuelva la capacidad de imaginar y construir un país justo, solidario y en paz”.

Con Gustavo Petro se inició en Colombia una reeducacion y politización del pueblo. La política se volvió el tema diario de la gente común, dejó de ser privilegio para quienes detentaban el poder. Con Iván, se recuperan conceptos enviados al sótano por el neoliberalismo: ética, revolución, capacidad de imaginar y conciencia colectiva, entre otros.

Desde ese sistema de ideas y cosmogonías recuperadas, se plantea el programa para una continuidad profundizada y extendida del cambio y las reformas: las tres revoluciones. De aquí en adelante hablará Iván Cepeda Castro.

La revolución de la ética

“Una revolución que transforme de raíz nuestra conciencia individual y colectiva. Una revolución que nos lleve hacia una nueva cultura política y social, profundamente sensible ante la vida, el sufrimiento y la dignidad de los demás”.

Una revolución ética parte de la defensa de la vida y los derechos humanos, del trabajo porque la verdad, la justicia, la reparación integral, la memoria y las garantías de no repetición sean la regla general y no la excepción.

“En este movimiento por la verdad y la justicia, la lucha de las mujeres ha sido esencial, especialmente la de madres y hermanas que convirtieron el amor en perseverante y metódica búsqueda. Las primeras organizaciones en Colombia en esta senda fueron lideradas por mujeres buscadoras de sus familiares desaparecidos”.

Una revolución ética es también una lucha para que los recursos del Estado lleguen a solventar las necesidades de los más pobres y excluidos. “Creo que es importante desarrollar con energía y entusiasmo, la lucha contra la corrupción y el despilfarro en el Estado” (…) No basta con un discurso genérico contra la corrupción y la indignación que a todos nos produce”.

Es necesaria una política muy seria y estructurada que tiene nuevos énfasis. Lo primero es que no es una lucha contra la corrupción menor. Vamos a hacer una lucha de sistema contra la corrupción. ¿Y eso qué significa? Vamos a tomar los macrocasos de corrupción, no simplemente para hacer de eso una crónica. Vamos a ir por los responsables de esos hechos, a través de mecanismos de investigación que no se han aplicado.

La revolución económica y social

La candidatura presidencial del Pacto Histórico se traza un horizonte hacia una política de igualdad sustantiva y de superación de la pobreza en los territorios urbanos y rurales.

“Hemos sido una sociedad que no solo margina al pobre, sino que lo culpa de su pobreza. No solo se les ha despojado de sus tierras, sus viviendas y sus derechos: se les ha despojado de su humanidad”.

“Desde el inicio, nuestro primer Gobierno progresista ha postulado que Colombia puede convertirse en una potencia mundial de la vida. Esta no es una consigna vacía: es el reconocimiento de que, gracias a nuestra extraordinaria biodiversidad y riqueza natural, el país tiene las condiciones para convertirse en una despensa agroalimentaria no solo para su propia población, sino también para el mundo”.

“Esta revolución va más allá: es una estrategia de desarrollo económico y social que busca multiplicar la capacidad productiva de la economía campesina y fortalecer sus vínculos con los mercados populares urbanos. (…) Así, como ya ha comenzado a suceder bajo nuestro gobierno, lograremos abaratar los alimentos, garantizar la seguridad alimentaria y avanzar, por fin, hacia la erradicación del hambre”.

La revolución política y democrática

“La revolución que necesita Colombia debe ser pacífica, participativa y una transformación profunda, no meramente superficial. Cuando digo que debe ser pacífica, me refiero a que el cambio no puede surgir de la violencia: no es con las armas, es con las conciencias. No es con la fuerza, es con la inteligencia y la imaginación del pueblo colombiano”.

Como ha dicho el presidente Petro, necesitamos un poder constituyente activo, permanente, con capacidad transformadora. ¿Qué significa, en términos sencillos un poder constituyente? Es una actitud y una práctica constante de la ciudadanía, es el poder de la gente, no únicamente cada cuatro años, sino todos los días. Es entender la democracia como un proceso siempre vivo, inacabado y siempre en construcción. Significa que el pueblo, organizado en su diversidad, puede y debe transformar las instituciones constantemente para que respondan al bien común.
Con información del Semanario Voz

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