Romelio Lukaku celebra el cuatro gol de Bélgica contra Estados Unidos. Foto Real Asociación Belga de Fútbol
En el mundo MAGA, Estados Unidos, por el solo hecho de serlo, tiene la potestad de romper todos los reglamentos, ya sea en el derecho internacional o en la Copa Mundo de la FIFA. Pero el fútbol es más poderoso que el fascismo
Por: Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos
Después de la Copa Mundial de la FIFA 2026, nadie podrá separar al fútbol de la política. El injusto trato hacia la selección de Irán, pasando por episodios vergonzosos de xenofobia y racismo, hasta el reciente escándalo protagonizado por la FIFA y el presidente estadounidense Donald Trump –entre otros hechos deportivos y extradeportivos–, confirman esta sentencia.
Lo que viene ocurriendo es tan solo comparable con los mundiales de Italia 1934, Francia 1938 y Argentina 1978, eventos donde la pelota rodó manchada. Y aunque en esos momentos fue clara la injerencia de proyectos fascistas en el resultado deportivo, en esta oportunidad y en pleno siglo XXI, la peor política terminó contaminándolo todo.
Gol y patada de Balogun
La historia de la tarjeta roja de Folarin Balogun es concluyente. El delantero estadounidense es hijo de inmigrantes nigerianos y actualmente juega en el Mónaco de la liga francesa. Para el mundial, el jugador llegó como la principal carta ofensiva del equipo anfitrión.
En el estreno del conjunto estadounidense, Balogun fue figura: anotó dos de los cuatro goles en la goleada frente al onceno paraguayo. Y aunque en los otros dos partidos de la fase de grupos no convirtió, para los dieciseisavos de final contra Bosnia y Herzegovina era, sin duda, uno de los activos más importantes del técnico Mauricio Pochettino.
El partido se jugó el 1 de julio en el Levi’s Stadium, en el área metropolitana de San Francisco, con una asistencia de 68 mil espectadores. En un encuentro claramente cerrado, sobre el minuto 45, una pelota por el medio se filtró entre los dos centrales balcánicos; Balogun lo aguantó con el cuerpo y lanzó un zurdazo ante una mala salida del arquero. Gol de los Estados Unidos.
Con la euforia de la anotación, el encuentro se fue al descanso. En el minuto 64, en una acción por la mitad del campo, Balogun disputó un balón y lanzó una patada al tobillo del defensor Tarik Muharemović. El juez no la vio, pero el VAR sí. Decisión final: tarjeta roja. Si bien era claro que no existía mala intención, el reglamento es tajante al castigar acciones como esas.
Lo interesante es que, con diez jugadores, Estados Unidos logró no solo resistir, sino anotar otro gol. Clasificación a octavos de final, pero con la imposibilidad de contar con su principal delantero. De acuerdo con el Código Disciplinario de la FIFA y el reglamento del mundial, Balogun estaba automáticamente suspendido para enfrentar a Bélgica.
La controversia
La polémica empezó con la apelación de la Federación de Fútbol de los Estados Unidos. El organismo solicitó revisión de la sanción argumentando que la acción de Balogun fue accidental y no constituyó una conducta violenta o antideportiva.
Hasta ahí, nada del otro mundo. Es usual no solo la presentación de este tipo de solicitudes, sino también la aplicación rigurosa del reglamento por parte de las autoridades. Sin embargo, antes que las instancias resolvieran el caso, el presidente Donald Trump reconoció que llamó personalmente al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que se revisara la expulsión.
Lo insólito es que, automáticamente, la Comisión Disciplinaria de la FIFA suspendió la sanción, aplicando una inédita excepcionalidad a sus reglamentos, aunque la tarjeta roja permanecía registrada en el historial de Balogun.
La UEFA, la Real Asociación Belga de Fútbol y muchas voces críticas protestaron por tratarse de una disposición “sin precedentes”, “incomprensible” e “injustificable”. Pero la decisión estaba tomada: Balogun jugaría contra Bélgica.
Después, en su red social, Trump felicitó públicamente a la FIFA. En el mundo MAGA, Estados Unidos, por el solo hecho de serlo, tiene la potestad de romper todos los reglamentos, ya sea en el derecho internacional o en el mundial de fútbol.
Ganó el fútbol
El partido contra Bélgica se disputó el 6 de julio en el estadio Lumen Field de Seattle. 67 mil espectadores, la gran mayoría estadounidenses, se congregaron para ver el encuentro que definiría el rival de España. Balogun estaba en la titular de Estados Unidos, hecho que aumentó la polémica.
Pero lo que prometía ser un reñido encuentro terminó siendo un baile a favor del conjunto europeo. Cuatro goles belgas y tan solo uno estadounidense definieron el partido. Adiós al último anfitrión que estaba vivo en el mundial.
El paseo quedó resumido en la celebración del último tanto convertido por Romelo Lukaku. No solo le hizo el Topo Gigio a la afición, sino que entre todo el equipo belga recrearon el ridículo baile popularizado por Trump.
La mufa es una expresión usada por los aficionados del fútbol en el Cono sur latinoamericano. Se trata de la mala suerte que trae una persona, la mayoría de las veces por comentarios desatinados o acciones extradeportivas. Pues bien, Estados Unidos, un país con poca tradición futbolera, conoció lo que es la verdadera mufa. “Todo lo que toca Trump, muere”, dijo notablemente molesto un aficionado estadounidense desde las gradas del Lumen Field.
La final del mundial será el 19 de julio en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey. Con seguridad, en la entrega del trofeo más hermoso del mundo estarán Infantino y Trump. “La dupla maldita” cerrará con broche de oro el mundial de la pelota manchada.
Pero la afición ya se sacó el clavo. El deporte mundial recordará siempre que un 6 de julio de 2026, perdió Trump y ganó el fútbol.
9 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz