Entrega de infraestructura educativa para la región del Catatumbo. Foto Mineducación

Abelardo de la Espriella confirmó a la polémica abogada como su ministra en este sector. La noticia encendió las alarmas de diversos sectores, entre esos, el estudiantado

Por: María Camila Díaz Delgado
@lamariacami

Viviane Morales es una figura conocida en la esfera pública: abogada, columnista y excongresista, su hoja de vida incluye dirigir la Fiscalía General de la Nación y la embajada en Francia durante el gobierno de Iván Duque. Ha generado controversia su perfil ideológico: su activismo religioso, sumado a sus posturas políticas anticomunistas, son los principales signos de alarmas.

Catalogada como una política de ideología ultraconservadora, su historial de oposición a los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+ abre serias dudas sobre el rumbo que podría tomar un ministerio tan importante para la niñez y la juventud.

Para el estudiantado colombiano, la designación no es un simple cambio de mando: es una señal de alerta sobre los riesgos en materia educativa y los derechos conquistados en los últimos años.

La nueva ministra es reconocida por sus posturas conservadoras, su defensa de los “valores tradicionales de la familia” y su cercanía con sectores religiosos. En el pasado, lideró un proyecto de referendo para limitar la adopción a parejas de distinto sexo y fue una de las voces más críticas contra las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación en 2016, acusándolas de promover lo que se ha denominado como “ideología de género”. Fue, precisamente, su rol en estos debates lo que la posicionó como una de las figuras clave del “No” en el plebiscito de 2016.

La educación en el Gobierno del cambio

Para dimensionar el retroceso que representa la llegada de Morales, es necesario reconocer los logros del Gobierno saliente de Gustavo Petro en materia educativa. Lejos del balance agridulce que algunos intentan instalar, la administración progresista deja un saldo histórico que no puede ser ignorado.

El gobierno Petro triplicó la inversión en educación superior pública en comparación con las administraciones anteriores, consolidando una cifra récord de 7,6 billones de pesos. Para ponerlo en perspectiva: mientras los gobiernos de Uribe, Santos y Duque destinaron en conjunto 2,5 billones de pesos a este sector, el gobierno Petro invirtió tres veces más en un solo período. En 2024, el sector educación recibió más de 70 billones de pesos, el monto más alto en la historia del país.

Este aumento presupuestal se tradujo en políticas concretas como el programa Universidad en tu Territorio, que consolidó la gratuidad universitaria como política pública permanente, beneficiando a más de 870 mil estudiantes de estratos 1, 2 y 3 en 2024, con proyecciones de superar los 900 mil en 2025. En total, 347.100 estudiantes nuevos llegaron a las universidades públicas entre 2023 y 2025. La meta de 500 mil nuevos cupos, aunque aún en proceso, ya supera los 400 mil.

En infraestructura, el Gobierno entregó más de 700 mejoramientos y obras nuevas en infraestructura educativa. En educación inicial, más de 20 mil niños nuevos fueron matriculados en prejardín y jardín. Y el Programa de Alimentación Escolar, PAE, alcanzó a 5.900.000 niños, niñas y adolescentes, con una inversión de 100 mil millones de pesos para garantizar la seguridad alimentaria incluso en recesos escolares.

Una amenaza para la libertad

El nombramiento de Viviane Morales no ha pasado inadvertido. La oposición política y diversos sectores académicos han mostrado un profundo y contundente rechazo. Las críticas se centran en dos frentes: su falta de experiencia en el sector educativo y su agenda ultraconservadora.

La periodista María Jimena Duzán recordó que Colombia es un Estado laico y cuestionó la llegada de una ministra cristiana a pesar de la libertad de cultos garantizada en la Constitución. El exministro de Minas y Energía Andrés Camacho recordó de manera negativa el currículo de Morales en los gobiernos de derecha y expresó: “Ha estado en varios gobiernos de distintas orientaciones, representa parte del Establecimiento político colombiano”.

No solo lideró un referendo para limitar la adopción a parejas de distinto sexo y calificó a las cartillas de educación sexual como una “victoria contra la ideología de género”. Desde su nombramiento como ministra, ha realizado declaraciones sobre sus objetivos en la cartera. Por ejemplo, ha dicho que pretende eliminar a Marx de la educación y “retornar a Dios a las aulas”.

Su fe evangélica no es un dato menor, ha estado presente en buena parte de sus posturas políticas sobre temas de género. Que una figura con este historial lidere el Ministerio de Educación no es una señal de pluralismo: es una declaración de guerra a la educación laica, crítica y basada en la libertad de catedra.

Un giro hacia atrás

Los logros obtenidos en educación son innegables: inversión histórica, gratuidad consolidada, ampliación de cobertura y fortalecimiento del PAE. Estos avances no pueden ser borrados por un nombramiento que responde a intereses políticos ajenos a las necesidades de los estudiantes.

La designación es el reflejo de una Colombia que, tras cuatro años de avances significativos en materia educativa, decide dar un giro hacia atrás. Para los estudiantes, que son el corazón del sistema educativo, el próximo cuatrienio representa una amenaza a lo ganado.

En los siguientes años el movimiento estudiantil deberá defender las políticas del cambio y evitar que el país retroceda a una época en la cual la educación respondió a un modelo que limitaba el derecho fundamental a una formación laica, crítica y de calidad. Las comunidades estudiantiles, organizadas y vigilantes, serán la primera línea de defensa de estos derechos.
23 de julio de 2026
Con información del Semanario Voz

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