María Eugenia Londoño candidata al senado por el Pacto Histórico. Foto Comunicaciones María Eugenia
Con más de cuatro décadas en la escuela, la educadora y lideresa sindical plantea que la transformación de Colombia pasa por poner la educación en el centro, conquistar la justicia de género y construir un Senado que represente a los sectores populares
Redacción Comunicaciones PCC
María Eugenia Londoño se define, antes que nada, como maestra. No es una forma retórica de presentarse, sino la síntesis de más de cuarenta años dedicados a la educación pública y a la organización social. Desde las aulas —dice— aprendió que la escuela no es solo un espacio para transmitir conocimientos, sino un lugar desde donde también se puede sembrar paz, conciencia crítica y compromiso con la justicia social.
Su trayectoria está marcada por esa convicción. Durante décadas ha acompañado luchas del magisterio y de los movimientos sociales que buscan transformar el país. Hoy, en un momento que considera decisivo para Colombia, decidió dar un paso más: aspirar al Congreso de la República.
“Somos una generación que ha entendido que la lucha es el camino para superar las causas estructurales del conflicto”, afirma. Para ella, ese camino implica organización, unidad y una participación política activa de quienes históricamente han sido excluidos de las decisiones del país.
Desde esa perspectiva, su aspiración al Legislativo no es un proyecto personal, sino una apuesta colectiva. “Queremos levantar nuestra voz en el Congreso para defender las transformaciones que el pueblo colombiano reclama”, explica.
La educación primero
Si hay un eje central en su propuesta política, es la educación. Londoño considera que el magisterio colombiano ha carecido históricamente de una representación fuerte en el Congreso que permita defender las problemáticas del sector y promover reformas estructurales.
Por eso insiste en que la educación debe situarse en el centro del proyecto de país. No como una política secundaria, sino como un derecho fundamental y un motor de transformación social.
Entre sus propuestas está la dignificación de la labor docente, la reforma constitucional al Sistema General de Participaciones para garantizar financiación suficiente y el cierre de brechas salariales en el magisterio.
También plantea fortalecer la formación docente y mejorar las condiciones laborales de quienes trabajan en zonas rurales, donde la educación enfrenta mayores dificultades. “Necesitamos una revolución educativa”, afirma. “Una educación gratuita, pública y al servicio del pueblo”.
Desde su perspectiva, el modelo educativo colombiano debe desligarse de las lógicas que conciben la educación como mercancía. Para ella, la escuela debe formar ciudadanos críticos capaces de transformar la sociedad. Parafraseando al pedagogo brasileño Paulo Freire, recuerda una idea que ha marcado su pensamiento: la educación no cambia el mundo por sí sola, pero transforma a las personas que lo cambiarán.
Una revolución feminista pendiente
El segundo eje de su propuesta es la justicia de género. Para Londoño, la transformación del país debe incluir necesariamente una revolución feminista que desmonte las estructuras patriarcales del Estado y de la sociedad.
“Sin las mujeres no hay democracia, sin las mujeres no hay paz”, sostiene. En su opinión, el avance hacia la paridad política es una tarea urgente. Las mujeres —dice— deben tener representación real tanto en la política como en la economía.
También insiste en la necesidad de reconocer el trabajo de cuidado, una actividad que sostiene la vida cotidiana y que representa una parte significativa de la economía, pero que históricamente ha sido invisibilizada. Para ella, todas las reformas estructurales que se discutan en el país deben incorporar un enfoque de género claro. Solo así, afirma, podrán traducirse en políticas públicas que materialicen décadas de lucha de los movimientos de mujeres.
El objetivo, explica, es avanzar hacia un Estado que reconozca plenamente los derechos de las mujeres y garantice condiciones de igualdad.
La juventud como protagonista del cambio
Cuando habla de los jóvenes, su tono se vuelve aún más enfático. Londoño considera que la juventud fue protagonista de un punto de inflexión en la historia reciente del país.
“El estallido social partió la historia de Colombia en dos”, afirma. Para ella, fueron los jóvenes quienes abrieron un nuevo ciclo político al exigir cambios estructurales y al participar activamente en la vida pública. Por eso cree que la juventud no puede quedarse al margen de las decisiones que definirán el futuro del país.
En materia educativa, plantea ampliar el acceso a la universidad pública, fortalecer su financiación y garantizar que la educación superior llegue realmente a todos los territorios. En su visión, la universidad debe ser un espacio de pensamiento crítico y de transformación social.
También insiste en que el país debe crear condiciones para que los jóvenes puedan construir su proyecto de vida en Colombia. Más oportunidades de empleo, menos precariedad y una educación conectada con las realidades del territorio son, para ella, elementos clave. “Los jóvenes son el presente y el futuro del cambio”, resume.
La importancia de un Congreso del pueblo
Para María Eugenia, el desafío político que enfrenta Colombia no se limita a elegir gobiernos alternativos. También implica construir mayorías legislativas capaces de impulsar las reformas que el país necesita.
Recuerda que los cambios estructurales se definen en el Congreso: allí se discuten las leyes, se tramitan las reformas y se ejerce el control político. Sin una representación fuerte de los sectores populares en el Legislativo, advierte, muchas de esas transformaciones pueden quedar bloqueadas.
De ahí su insistencia en que trabajadores, maestros, mujeres y jóvenes participen activamente en la política institucional. “Las reformas se hacen en el Congreso”, dice. “Por eso el pueblo debe llegar al Legislativo”. Desde su punto de vista, la construcción de un nuevo proyecto de país requiere una participación integral que incluya también el fortalecimiento del poder local y de las organizaciones sociales en los territorios.
Una apuesta por la paz con justicia social
Para concluir, María Eugenia Londoño vuelve al punto que atraviesa toda su trayectoria: la búsqueda de la paz, pero no se refiere a una paz entendida solo como ausencia de guerra. Habla de una paz con justicia social, construida a partir de la educación, la igualdad de género, la participación política y el fortalecimiento de lo público.
Para ella, el cambio que atraviesa el país debe consolidarse en las instituciones, pero también en la vida cotidiana de las comunidades. “Solo el pueblo puede cambiar a Colombia”, concluye.
Y desde esa convicción, esta maestra que durante décadas enseñó en las aulas, busca ahora llevar esa voz al escenario donde se definen las leyes del país. Porque, como insiste, la transformación de Colombia empieza por la educación, pero necesita también decisiones políticas que la hagan posible.
Con información del Semanario Voz