Votación en el consulado colombiano en Madrid, España. Foto Cancillería
La propuesta de Iván Cepeda y Aída Quilcué se fundamenta en la soberanía, el respeto por la vida y el tratamiento humano de la migración
Por:Pietro Lora Alarcón
Fuera del país residen más de ocho millones de connacionales. Para una inmensa mayoría de ellos, hombres y mujeres de a pie, Colombia está allí: en el acento, la música, la danza y el desayuno. Por eso, cuando se juntan, se miran con los ojos de la tierra, el barrio y la familia.
Entre ellos también hay una Colombia desgarrada, con memoria y, en muchos casos, con la esperanza del retorno. Para unos y otras, para todos y todas, la segunda vuelta del 21 de junio es encarada como algo decisivo.
Xenofobia y racismo
En muchos sectores de la migración, no solo la colombiana, se ha elevado la conciencia contra la voluntad imperial de Trump y las políticas inhumanas de la Unión Europea. Un grueso número de migrantes resiste ante la dolorosa experiencia de ver cómo el horizonte de reconstruir la vida con dignidad (en países a los cuales llegaron desafiando distancias y juntando recursos para estudiar, encontrar un empleo o rebuscarse) situaciones que normalmente tropiezan con la desprotección social.
Hoy, esta situación se agrava angustiosamente por la estigmatización que los etiqueta como criminales en potencia y las continuas deportaciones. La realidad es que no tienen voz mientras aumentan las separaciones familiares, la violencia del ICE en los Estados Unidos y los trámites de control en España, Alemania, e incluso, en Argentina y Chile.
La xenofobia y el racismo hacen parte de la agenda inmoral de la ultraderecha; la misma que aquí gobernó durante décadas promoviendo la guerra contra el pueblo, obligando al desplazamiento forzado y a numerosos pedidos de refugio en el mundo, y que hoy tiene en el señor De la Espriella su aspirante apoyado por Trump. El abogado, que se sepa y se diga alto y claro, es el candidato contra los derechos de los y las migrantes.
La votación en el exterior
De esa Colombia fuera de las fronteras, en diez meses (de mayo del 2025 a marzo de 2026), 518.952 migrantes decidieron inscribirse para votar. Eso significa que hoy, 1.114.661 connacionales pueden sufragar en 100 consulados y más de 150 puestos de votación en el mundo.
En la primera vuelta del 31 de mayo, en el exterior votaron 589.578 migrantes. En 2022, la mejor votación del Pacto Histórico fue de 113.991 votos en la segunda vuelta presidencial. Hoy, en primera, hubo 167.410 votos por el Pacto. Es decir, el proyecto sigue ascendiendo y convenciendo.
Pero, aun así, hay que batallar contra una derecha que se unificó en el exterior orientando la votación por el candidato de Trump. Esta estructura ostenta su ingeniería digital de desinformación en la impunidad de las redes, desinforma desde Miami, y oculta su responsabilidad con la crisis y el éxodo masivo de familias colombianas.
Lo hace a través de propaganda visual del patriotero farsante en la Línea 5 del metro de Madrid y en Lausana; y que como ha sido atestiguado por la colombianidad en varios escenarios de votación, promueve la corrupción y no escamita esfuerzos para ofrecer 100 euros en Valencia o 50 dólares en el Táchira.
Con artimañas, la derecha también incrementó su votación. Pero es pertinente decir que la captura del voto en el exterior contra el Pacto y los derechos de la gente se recrea en medio de una ofensiva de la ultraderecha internacional.
Esta es alimentada por los sectores neofascistas que se reproducen en medio de una aparente confusión, generando la imagen del “mito”, país a país, a partir de personajes vinculados a las mafias locales. Con discursos simples, pobres y simplificados, estos se erigen como la promesa de que un “dictador cool”, militarizando la sociedad, resolverá todos los males.
Ese es el enemigo que hay que derrotar en una campaña que concentra la atención del mundo, porque, en ese enfrentamiento, también el migrante se la juega por la vida.
La migración tiene derechos
Para la Colombia fuera de Colombia, la propuesta de Iván Cepeda y Aida Quilcué se fundamenta en la soberanía, el respeto por la vida y el tratamiento humano de la migración, aliado a una responsabilidad ética que no silencia al migrante ni lo invisibiliza. Por el contrario, el punto de partida es que la condición migratoria fortalece la ciudadanía en una dimensión de contacto e intercambio en el mundo.
En ese ejercicio propositivo donde el migrante es sujeto de derechos, se mezclan el lenguaje con la idiosincrasia, la cultura, la búsqueda de oportunidades, el exilio, la soledad, la juntanza y la lucha del nacional del “País de la Belleza”. A esto se suman temas aterrizados y concretos como la homologación de los títulos universitarios, los programas de emprendimiento, el reconocimiento de las pensiones y las becas para estudios.
La interacción institucional con la migración, que torna a cada connacional protagonista del cambio desde el exterior hacia Colombia, implica, naturalmente, embajadas actuantes por la paz, el desarrollo y la cooperación internacional.
La democracia hacia la migración significa la escucha que torne a los consulados escenarios participativos, donde con enfoque diferencial se delibere y se tomen decisiones.
Estas iniciativas deben recoger las más variadas propuestas de una colombianidad activa, sin perder de vista los ejes de una Política Integral Migratoria que ya tiene bases en la Ley 2136 de 2021 y el programa de gobierno. Igualmente, serán necesarios recursos y gestión para los más vulnerables, por lo cual es necesario dotar el Fondo de Migraciones.
Vamos por la victoria en el exterior
Las propuestas del Pacto Histórico responden a exigencias históricas de la colombianidad migrante. El voto consciente para dar continuidad al cambio, que se evidenció en primera vuelta, hoy es también un llamado para juntar esfuerzos con todos los rostros y las voces desde los más diversos sectores de la colombianidad para arar el camino de la victoria.
La tarea es ir donde haya un o una colombiana en el mundo para movilizar en las fronteras y las grandes ciudades. Porque es el tiempo de los pueblos contra el fascismo, para que el cambio continúe y Colombia siga floreciendo.
Con información del Semanario Voz