Institución Etnoeducativa Integral Rural. Foto Ministerio de Educación

El magisterio ha puesto una alta cuota de vidas por defender los derechos del pueblo. La memoria de los y las caídas y desparecidas sigue intacta y alimenta la lucha por los cambios y las reformas actuales

Por: Pablo Oviedo A.

Se conmueve el alma al escuchar en la radio: Los maestros. Vallenato en son de paseo compuesto por Hernando Marín Lacouture y cantado por Los Hermanos Zuleta en 1976:

Hay personas que en la vida / no saben agradecer / y les dan ese valor/que en realidad se merecen. / Y es aquel montón de hombres y mujeres / que lucha incansablemente/ pa’ educar la humanidad. / El maestro va a la escuela diariamente / no le importa que critiquen/ su aguerrida voluntad. / Y hay que aplaudir a esa gente / tan valiente / que tienen tan mala suerte / que ni les quieren pagar.

Versos con afecto y arrobo que remiten a los recuerdos en los 90, de educadores amigos con quienes se departía y se debatían temas de actualidad. Ellos eran educadores mayores y yo era solo un alumno al que le gustaba la compañía de los maestros y de personas adultas.

Ese torbellino de recuerdos propició profusas lágrimas que bajaron por las mejillas. Evoqué al profe Omer del Cristo M., que dictaba clases en la Escuela Rural Co-instrucción El Mamón, perteneciente al corregimiento de igual nombre, jurisdicción de Corozal, Sucre. En aquella escuela recibían educación más de 300 educandos que pertenecían a esa comunidad y a pueblos circunvecinos rurales.

El profe Omer

El profe Omer dictaba clases a 35 niños del grado quinto de primaria. Cierto día, mientras revisaba las tareas de sus alumnos, escuchó una voz que le dijo:

—Profe Omer.

El educador levantó su mirada para atender el llamado, pero la calma y la tranquilidad del sitio fue interrumpida por varias detonaciones del arma de fuego del sicario que lo atacó. Dos balazos hicieron impacto en su cabeza.

El profe Omer se desplomó frente a las miradas de sus alumnos, quienes quedaron en estado de shock ante tan impactante escena, y hasta los pájaros que a diario acompañaban con su trinar y daban felicidad a las clases, hicieron un silencio escalofriante.

El asesino huyó por entre los arbustos y la poca vegetación que circundaba el lugar hasta llegar a donde lo esperaba su acompañante en una moto de alto cilindraje, desaparecieron por el camino de herradura.

Omer solo contaba con 24 años de edad, era estudiante de segundo semestre de Licenciatura en Educación Primaria, en el programa a distancia de la Universidad Santo Tomás. Llevaba cuatro años como educador y se había convertido en el líder de los maestros de aquel lugar y de los del vecino corregimiento de Piletas. Hacía parte del recién fundado Movimiento Cívico por la defensa de Corozal, que entre sus logros tenía el haber desbancando la burocracia política de la administración municipal; habían ganado incluso la alcaldía y tenían gran incidencia política sobre la municipalidad.

El magisterio se moviliza

Los grupos politiqueros tradicionales no vieron con buenos ojos aquellas transformaciones, por lo que decidieron acabar a mansalva con los integrantes del movimiento que había cometido la osadía de desalojarlos del poder que venían ejerciendo desde décadas inmemoriales con corrupción e inequidad.

Omer era líder de los maestros municipales y luchaba por las reivindicaciones de ellos en Sucre. Minutos antes de que lo sacrificaran, escribió en el tablero con letras grandes: Para votar bien, hay que tener buena memoria.

El día de su entierro, la Asociación de Educadores de Sucre, de la cual Omer era miembro, declaró día de duelo en todo el departamento, por lo tanto, no hubo clases, pero sí una gran marcha por la paz a nivel departamental en la que se denunció la ola de crímenes que los ganaderos, politiqueros y terratenientes estaban cometiendo en la región y en el país.

Una oleada de asesinatos

Los niños que fueron testigos oculares del crimen necesitaron del apoyo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, para que les brindara terapia psicológica; horrorizados se negaban a volver a la escuela y al salón donde se había perpetrado el vil crimen.

El asesinato del profe Omer del Cristo no había sido el único, pues los gestores de la muerte ya traían una esquela de sangre que dejaban por donde pasaban y los educadores estaban dentro de su macabro proyecto de barbarie; también fue víctima de ellos el maestro Gerardo Moreno Flórez, que pertenecía al cuerpo de profesores del colegio Antonio Lenis de Sincelejo, asesinado en San Andrés de Sotavento, municipio del departamento de Córdoba.

En 1988 fue asesinado en Corozal, Ovidio Assia, uno de los más reconocidos y luchadores directivos del magisterio sucreño; pertenecía a la Junta Directiva de la Asociación de Educadores de Sucre, ADES, y era director del Colegio San Francisco de Asís de Sincelejo.

Todavía el pueblo no se reponía de la resaca de las festividades de fin de año, cuando el 8 de enero a las 7:00 de la noche, sus asesinos, que habían llegado en un carro y una moto, agazapados en la oscuridad, lo sitiaron. Aprovecharon que el pueblo estaba en completas tinieblas.

El principal autor material del crimen fue quien llegó como parrillero de la motocicleta; fue él quien disparó varias veces contra el cuerpo del dirigente sindical. La comunidad vivía alerta porque ya se sabía que cada vez que se interrumpía el suministro de energía, los matones aprovechaban para asesinar.

Sin energía y sin vida

Ovidio Assia cayó sin vida y los pocos minutos el servicio de energía eléctrica volvió a la normalidad. Su nombre había aparecido semanas antes en panfletos firmados por grupos de exterminio de líderes sociales. Anunciaban su aniquilamiento y lo cumplieron. Su trabajo en defensa de los trabajadores lo hizo blanco de los paramilitares y de los representantes del establecimiento pútrido y criminal.

Ese mismo año, en el gobierno de Virgilio Barco, a lo largo de todo el país caían acribilladas decenas de maestros más, entre ellos Olga Esther Bernal Dueñas, Gildardo Castaño Orozco, Jorge Alberto Morales, María Reina Muñoz, Rey Salazar Tapasco, Evelio Alzate, Abimael Rivera Pautt y Darío de Jesús Posada Franco.

Como Omer, Ovidio y tantos otros, han sido miles los educadores colombianos que han sido asesinados en el país porque reclamaron, denunciaron y lucharon por la equidad y la justicia. Según el Cinep, en los últimos 25 años Colombia ha rebasado la cifra de más de mil maestros asesinados.

El vallenato no se equivocó: Pero como ellos tienen el poder / y las gallinas de arriba / le echan flores a las de abajo.
Con información del Semanario Voz

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