En 2022, esta madre de ocho hijos en Tigray, Etiopía, comentaba sobre las dificultades para su comunidad por la escasez de agua. Foto UNICEF Ethiopia, Demissew Bizuwerk

No solo se requiere una transformación de algún sector productivo altamente consumidor de recursos como el agua, sino una transición socio-ecológica justa para las mayorías

Por: Sergio Salazar

Hace unas semanas, la agencia de noticias de Naciones Unidas publicaba una noticia que no puede pasar desapercibida para la sociedad, “la ONU declara la bancarrota hídrica de un planeta que vivió a crédito”.

La cuenta corriente de la naturaleza está en números rojos, al gastar anualmente más agua que la que ingresa a los sistemas hídricos, además, de vaciar las reservas milenarias de agua contenidas en acuíferos, humedales y glaciares.

Dicho informe señala que ya hemos llegado a puntos de no retorno en los que en algunos lugares del mundo hay ríos, lagos, humedales, glaciares que han reducido en cantidad o desaparecido; acuíferos que han extraído agua a tal punto que han generado subsidencias e intrusión marina; bosques y turberas secándose y quemándose, billones de personas sin tener acceso seguro agua; más de la mitad de las tierras agrícolas mundiales degradadas reduciendo la retención de humedad del suelo y empujando a las tierras áridas hacia la desertificación…

Por ello, invitan a un cambio de lenguaje ya que no es una crisis más, son síntomas sistémicos persistentes, por lo que lo prioritario ya no es “volver a la normalidad”, sino prevenir daños irreversibles adicionales, reequilibrar los usos del agua dentro de unas capacidades territoriales ya degradadas, transformar los sectores y los modelos de desarrollo que consumen mucha agua y apoyar transiciones justas para los más afectados.

Conceptos inseparables

Dicho contexto material choca con un contexto inmaterial, el del capitalismo, las democracias liberales y sus instituciones en plena decadencia.

Todas las guerras abiertas en curso (incluida la comercial) son el reflejo de un sistema económico mundial en camino a la bancarrota, entre otras, por la degradación de la base material que le ha permitido acumular riqueza en su período de existencia y que se rapiña hoy los últimos relictos de recursos geoestratégicos para mantener su hegemonía unas décadas más, el menor.

En el Manifiesto Comunista, año 1848, Marx y Engel planteaban de manera poética que el capitalismo produciría las condiciones tanto de su propia muerte como las de la victoria de sus sepultureros: la clase trabajadora.

Si bien la interpretación de dicha predicción podría darse en el contexto de la contradicción principal del capital-trabajo, en la que el capitalismo a la par que genera riqueza para su concentración en una minoría social, también genera pobreza a partir de la explotación de la fuerza de trabajo a las mayorías sociales, la clase trabajadora, la cual tomaría consciencia, se organizaría y avanzaría a la transformación de una nueva sociedad más justa.

Pero la base de dicha generación de riqueza en el capitalismo no se basa solo en la explotación de la fuerza de trabajo, sino también en la explotación y transformación de los recursos naturales, concebidos como si fueran infinitos.

Marx utilizó en el volumen I de El Capital el concepto “Stoffwechsel” entendido como “metabolismo” o “intercambio orgánico”, en su analogía con el metabolismo orgánico de las especies vivas en los ecosistemas.

Industria capitalista

En dicho concepto explica el intercambio y coevolución de la relación sociedad-naturaleza, que en el capitalismo empezó a generar una ruptura/quiebre al romper procesos biogeoquímicos fundamentales históricos como la reposición de la fertilidad en los suelos.

Al respecto planteaba: “Con la preponderancia cada vez mayor de la población urbana, amontonada en grandes centros, la producción capitalista acumula, de una parte, la fuerza motriz histórica de la sociedad y, de otra, perturba el intercambio orgánico entre el ser humano y la tierra, es decir, el retorno al suelo de los componentes consumidos por el hombre bajo la forma de provisiones y vestimenta, altera la condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo…

“Todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un adelanto en el arte de despojar al obrero, sino simultáneamente en el de agotar el suelo; todo progreso en el incremento de su fertilidad por un lapso determinado es, a la par, un avance en la ruina de las fuentes durables de esta fertilidad. Tanto más rápido es este proceso de destrucción cuanto más un país -como Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo- tenga por fundamento de su desarrollo a la gran industria. La producción capitalista por tanto solo desarrolla la técnica y la combinación del proceso de producción social minando simultáneamente las fuentes de toda riqueza: la tierra y el obrero”.

Segunda fase

En el capítulo IX Marx planteaba lo siguiente: “Abstrayéndonos de la imagen más o menos desarrollada de la producción social, la productividad del trabajo sigue Iigada a condiciones naturales. Todas ellas son reducibles a la naturaleza del hombre mismo -coma raza, etc.- y a la naturaleza que lo rodea.

Las condiciones naturales externas se dividen, en términos económicos, en dos grandes clases: riqueza natural en medios de subsistencia, o sea, fertilidad del suelo, aguas abundantes en peces, etc., y riqueza natural en medios de trabajo, como caídas de agua activas, ríos navegables, madera, metales, carbón, etc. En los inicios de la civilización, el primer tipo de riqueza natural es el decisivo; en un peldaño superior del desarrollo, lo es el segundo”.

En esa segunda fase en la que la naturaleza se ha convertido en capital, el capitalismo ha sobrepasado tanto la capacidad de recuperación de los recursos naturales renovables, esquilmado las reservas de los no renovables, y ha socavado el funcionamiento de los ecosistemas que nos proveen nuestra pervivencia como especie.

De acuerdo con el enfoque de los límites planetarios, el cual destaca nueve procesos de cambio global en los que las actividades humanas afectan al funcionamiento, estabilidad y resiliencia del sistema terrestre, señala en su última evaluación cuantitativa en 2025 que ya hemos sobrepasado 7 de los límites seguros de estos nueve procesos críticos vitales, siendo uno de ellos el agua.

No es solo entonces una transformación de algún sector productivo altamente consumidor de recursos como el agua, sino es una transición socio-ecológica justa para las mayorías sociales. La bancarrota de un recurso vital como el agua es la bancarrota del sistema capitalista. Pero este no caerá solo, necesita de la acción local y global de los pueblos.
Con información del Semanario Voz

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