Los ataques de la extrema derecha en contra del recordado exdirector de Voz Proletaria, es una afrenta directa a la verdad y la justicia. La victoria de Iván Cepeda Castro será la derrota del miedo, la violencia y la impunidad
Por: Simón Palacio
@Simonhablando
El 13 de abril Manuel Cepeda Vargas cumpliría 96 años. Con seguridad seguiría militando en el Partido Comunista Colombiano y sería la voz más autorizada en el consejo de redacción del Semanario VOZ. El país reconocería su protagonismo no solo en los procesos de paz de los últimos treinta años, sino también en los diferentes momentos de unidad al interior de la izquierda democrática.
Pero Manuel fue asesinado aquel fatídico 9 de agosto de 1994. Tenía 64 años, era senador de la República y una de las voces más críticas frente al militarismo de corte fascista que por aquel entonces se imponía en las altas esferas del Establecimiento.
Según la justicia nacional e internacional, el magnicidio de Cepeda Vargas fue un crimen de Estado, orquestado por el “Plan Golpe de Gracia”, en el marco del genocidio político en contra de la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano.
La historia está escrita en sentencias
El natalicio de Manuel Cepeda Vargas adquiere en la actualidad una especial importancia. No solo su hijo, Iván Cepeda Castro, tiene altas probabilidades de ser presidente de la República, sino que su memoria vuelve a ser blanco de ataques por parte de la extrema derecha.
El principal promotor de estos ataques es el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Desde la red social X, el principal líder del Centro Democrático ha enfilado las baterías en contra de la memoria de Manuel Cepeda Vargas, acusándolo de ser un “alto jerarca” de las antiguas Farc y un promotor de la lucha armada.
Ante las injurias y las calumnias, ha sido el propio Iván quien ha salido en defensa de la memoria de las víctimas de la Unión Patriótica: “Como ha quedado establecido por la justicia nacional e interamericana, mi padre fue un Senador de la República asesinado por la extrema derecha a la que usted pertenece y con justificaciones como las que usted usa. Como ha quedado establecido por la justicia nacional, su hermano Santiago es un criminal condenado a 28 años de cárcel, jefe de la banda paramilitar Los 12 apóstoles y autor de masacres de campesinos en Yarumal. Esa es la verdad pura y simple. Y así queda para la historia”.
También ha reaccionado Gabriel Becerra, secretario general de la UP y representante a la Cámara del Pacto Histórico: “Que hoy Álvaro Uribe ataque la memoria de Manuel Cepeda Vargas no solo es una afrenta a las víctimas: es negacionismo frente a verdades ya juzgadas. La historia está escrita en sentencias. Y la dignidad de las víctimas no se somete a provocaciones”.
Crimen de Estado
El 26 de mayo de 2010, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado colombiano por el asesinato del senador y periodista Manuel Cepeda Vargas. El alto tribunal internacional estableció que fue un crimen de Estado, ejecutado por agentes estatales en coordinación con estructuras paramilitares.
“No es una versión. No es un relato. Es una decisión judicial internacional obligatoria que reconoce la persecución y el asesinato de la oposición política en Colombia”, sentencia Becerra.
La senadora del Pacto Histórico, María José Pizarro, también reaccionó a los mensajes del expresidente: “A Manuel Cepeda Vargas lo mataron cuando se dirigía al Congreso donde realizaría un anunciado debate sobre la adhesión de Colombia al Protocolo de Ginebra (…) Palabras como estas, solo pueden provenir de un espíritu carcomido por el odio y la intolerancia. Palabras como estas, estigmatizaron un partido entero y justificaron el asesinato de miles”.
Dirigente revolucionario
Pero más allá de las calumnias, está la verdad revolucionaria. Manuel Cepeda Vargas era payanés. Fue dirigente de la Juventud Comunista, periodista revolucionario, columnista y director por más de dos décadas del semanario Voz Proletaria. En esa etapa puso las páginas del periódico en favor de las causas populares, la unidad de la izquierda y la defensa de la paz democrática.
Después desempeñó tareas como dirigente político del Partido Comunista y la Unión Patriótica. Fue representante a la Cámara por Bogotá en 1991 y senador de la República en 1994. Además, fue artista, poeta y pintor. Toda una existencia dedicada a la causa del socialismo.
Junto a su compañera de vida, la inolvidable Yira Castro, formó un hogar basado en los principios de la justicia y la libertad. Sus hijos, Iván y María, representan este legado de lucha por las causas justas.
Ambos militaron en la esperanza, contribuyeron a la formación de sindicatos en las fábricas, los barrios populares y los medios de comunicación. “Nos creíamos invencibles”, le escribió de manera póstuma Manuel a Yira ante su repentina muerte.
La pluma de Cepeda Castro siempre defendió a la clase trabajadora, al campesinado, a los artistas comprometidos con un cambio político, a esa mayoría excluida por el Establecimiento.
Como lo ha dicho la secretaria general del PCC, Claudia Flórez Sepúlveda, “el sacrificio de Manuel y de miles de colombianos y colombianas que dieron su vida por la revolución en Colombia no fue en vano. Vivimos un poderoso momento de cambio político y transformaciones sociales que reivindican la lucha de quienes hoy no nos acompañan”.
Que la victoria de Iván Cepeda Castro sea la derrota del miedo, la violencia y la impunidad.
Manuel Cepeda Vargas. Foto archivo
Con información del Semanario Voz