Fraternidad San Pío X, Heraldos del Evangelio, y Opus Dei se oponen a las posiciones progresistas del Concilillo Vaticano II y la opción preferencial por los pobres. Foto Unsplash
Tres organizaciones, que defienden el tradicionalismo católico, hoy ocupan posiciones importantes en el actual gobierno: Fraternidad San Pio X, Heraldos del Evangelio y el Opus Dei. Primera parte de como se viene fortaleciendo la propaganda religiosa.
Por: Héctor Mondragón
Fraternidad San Pío X, Heraldos del Evangelio, y Opus Dei son organizaciones que expresaron y expresan el tradicionalismo católico, y hoy ocupan posiciones en el actual Gobierno, fortaleciendo su propaganda teocrática. De hecho, el presidente, que fue lanzado como candidato por el fundamentalismo evangélico, aparece hoy como ferviente católico, devoto de la Virgen María.
La Fraternidad San Pio X, de la que ha hecho parte el exprocurador y actual embajador en la OEA, Alejandro Ordóñez, fue fundada por los obispos Lefebvre y Meyer, quienes se opusieron a las reformas durante el transcurso del Concilio Vaticano II; contrarios, en especial, a la declaración sobre libertad de culto. Durante las sesiones, protestaron porque estaban presentes, como observadores invitados, representantes de iglesias protestantes.
El papa Pío X fue escogido como símbolo por esta corriente por su rechazo al “modernismo” y porque condenó la ley de la separación de la Iglesia y el Estado aprobada en Francia en 1905.
Tradición, familia y propiedad
En 1960, el obispo brasileño Antônio de Castro Meyer fue coautor de un libro contra la reforma agraria, junto con el entonces reciente fundador del movimiento político Tradición, Familia y Propiedad (TFP), Plínio Corrêa Oliveira, el obispo Gerardo de Proença Sigaud y el economista Luiz Mendonça de Freitas. Este libro hace una apología de los latifundistas.
La proclamación de la “armonía fundamental” entre los terratenientes y los intereses del país iba acompañada del rechazo a “la embestida del socialismo contra la propiedad rural”.
Según los autores, el socialismo quiere abolir la familia, la jerarquía social y la propiedad. La argumentación era conducida entonces a convertir la lucha contra la reforma agraria en un deber religioso.
El programa de la TFP se basó en la tesis de Plinio en el libro Revolución y Contra-Revolución: el enemigo “terrible” es la revolución cuyas tres etapas han sido la Reforma protestante, la Revolución francesa y el comunismo. Para él, recuperar el orden impone como acción y objetivo la contrarrevolución.
Desde 1963, Tradición, Familia y Propiedad, así como los autores y su libro, se movilizaron para derrocar el gobierno del presidente laborista João Goulart. El 19 de marzo de 1964, la TFP, conjuntamente con los políticos y organizaciones de derecha, realizó la Marcha de la Familia con Dios por la Libertad, que llamó a la intervención militar y preparó políticamente el golpe del 31 de marzo y 1 de abril siguientes.
Resistencia a las reformas
Mientras en el Concilio los tradicionalistas trinaban contra el protestantismo, en Brasil no vacilaron en hacer una “Santa Alianza” con la derecha protestante y marchar junto a ella llamando al golpe.
Este “ecumenismo” fue consecuencia de la articulación política garantizada por la decisión del Gobierno de Estados Unidos para impulsar la intervención militar, que se extendió luego a otros países de América latina. Ahí estuvo el misterio de la ficción teocrática que impulsó el derrocamiento de Goulart.
Para los tradicionalistas católicos, la victoria del golpe de Estado tuvo como contraparte los resultados adversos del Concilio Vaticano II, de la Conferencia Episcopal Latinoamericana de 1968 en Medellín y de la Conferencia de Obispos de Brasil.
El obispo Meyer y una minoría se integraron al lefebvrismo, en la Fraternidad San Pío X (la de Ordóñez). Otros se acogieron formalmente a la disciplina eclesiástica para resistir desde dentro a las reformas y esperar condiciones propicias, que se comenzaron a presentar durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
La TFP se internacionalizó y se aisló, y su consolidación sectaria estuvo caracterizada por el culto a la personalidad de Plinio, el fundador. A su muerte, la organización se dividió. Un sector trata de mantener una estructura similar a la anterior, mientras que monseñor João Clá Dias creo una orden de Caballeros de la Virgen de estilo medieval con uniforme de cruzados, llamada Heraldos del Evangelio.
Según su propia información, estos Heraldos están presentes actualmente en 78 países. En Colombia, su participación política se hizo evidente en 2022, cuando el comandante de la Policía de Bogotá paseó en helicóptero sobre la ciudad a algunos de estos Caballeros medievales cargando una estatua de la Virgen, rezando para que Gustavo Petro no ganara las elecciones.
Últimamente aparecieron en el Consulado de Colombia en Madrid dirigiendo un rosario cuya convocatoria estuvo a cargo de la cónsul.
El evangelico con más poder en el mundo
La Cruzada en la que luchan ha sido convocada por el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, por el momento el evangélico con más poder en el mundo. El escribió la Cruzada Estadunidense (American Crusade), que sirvió de programa a Donald Trump en modo de publicidad. Se trata de una versión teocrática de las tesis del sociólogo Samuel Huntington sobre el choque de las civilizaciones, la identidad estadounidense y el enemigo interno.
Lo que Hegseth propone es una Cruzada que ya tiene oportunidad de dirigir en la guerra contra Palestina e Irán. Esta es una Cruzada que se define contra el izquierdismo y el islamismo. Por izquierdismo entiende no solamente el socialismo, sino cualquier lucha por derechos laborales o sociales, el “generismo”, el ambientalismo, el multiculturalismo y el secularismo.
Así como para los nazis existía una conspiración judío-bolchevique cuya prueba evidente eran los líderes comunistas judíos, para Hegseth existe una conspiración islámico-izquierdista que se demuestra por la existencia de musulmanes líderes de izquierda en Europa y Estados Unidos.
Para Hegseth, en su Cruzada lo principal es defender a Israel y controlar la educación: una Cruzada judeocristiana. No se trata ya de controlar el Santo Sepulcro y los Lugares Santos, sino el petróleo, el gas y las “tierras raras”. A largo plazo confían en que el control de la educación les garantice que no serán cuestionados.
La patria de Hegseth, Trump y Rubio
Hegseth trata de evitar ser identificado con el fascismo y asegura que los nazis eran “de izquierda”. Olvida que la opera prima de Hitler, Mein Kampf (Mi Lucha) proponía “una nueva visión del mundo fundamental, que se opusiera al marxismo y estuviese dotada de una imperiosa voluntad de conquista”. Olvida que, una vez en el poder, los nazis privatizaron los cuatro principales bancos alemanes, los ferrocarriles (en ese momento la empresa pública más grande del mundo) y varias industrias navales.
Gritan “¡Viva Cristo Rey!”, pero el reino de su Cristo sí es de este mundo. Pueden ponerse “¡Firmes por la Patria!”, pero su patria es la de Hegseth, Trump y Rubio. Esa es la teocracia que proponen.
22 de octubre de 2026
Con información del Semanario Voz