Cierre del octavo congreso del Partido de los Trabajadores. Foto Fundación Perseu Abramo
El partido del presidente de Brasil trazó la estrategia electoral para ganar las elecciones de octubre: construir un bloque democrático popular que defienda la soberanía y garantice la continuidad de los logros sociales
Por: Pietro Lora Alarcón
Enviado especial
Con la presencia de más de 500 delegaciones nacionales y 21 internacionales, concluyó en Brasil el domingo 26 de abril el octavo congreso del Partido de los Trabajadores, PT.
El Congreso no solo ratificó la fuerza del PT y su incidencia de masas, sino que convocó al pueblo brasileño a reelegir a Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones del 4 de octubre. De igual forma, apoyó la unidad del Pacto Histórico en Colombia y condenó el genocidio en Gaza, la intervención en Venezuela y las amenazas contra Cuba.
Sin duda, no solo en América Latina y el Caribe, sino globalmente, Brasil juega un papel de impacto por sus condiciones estratégicas, su dimensión territorial, población, recursos naturales y capacidad productiva.
El manifiesto “Construyendo el futuro para seguir transformando el país”, lanzado durante el cierre del Congreso, sintetiza las conclusiones del ideario petista en la actual coyuntura.
La crisis internacional
La Fundación Perseu Abramo, centro de pensamiento del PT, coordinó una programación dedicada a diagnosticar el panorama internacional.
La conclusión general es que el mundo atraviesa “un cambio de época, marcado por la sobreposición de crisis estructurales que afectan las democracias liberales y las condiciones de vida del planeta. Se verifica una crisis geopolítica, con la intensificación del uso de la fuerza militar, financiera y tecnológica para la preservación de la hegemonía de las potencias tradicionales, (…) las guerras, las sanciones, las intervenciones y los bloqueos vuelven al escenario corroyendo el derecho internacional y la soberanía y sometiendo pueblos enteros a la violencia”.
Sin embargo, las relatorías del Congreso también notaron que la crisis hegemónica de los Estados Unidos abre espacios para articulaciones internacionales, afirmando polos alternativos de poder en los cuales Brasil debe tener un rol protagónico, disputando las posibilidades de construir el equilibrio en el orden internacional, en favor de la paz y la integración.
En esa misma idea, las conclusiones señalan que la promesa neoliberal de crecimiento económico, estabilidad y bienestar no garantizó la dignidad, dejando en todos los lugares donde fue aplicada un saldo de debilidad de la democracia.
Un elemento importante fue el tema tecnológico. Brasil es observado ávidamente por grandes corporaciones por ser el segundo en concentración de reservas de tierras y minerales raros, es decir, los elementos esenciales para sustentar los avances tecnológicos, incluyendo turbinas eólicas e instrumentos de defensa.
Otros países de la región también poseen estos minerales y por eso se alerta a que ninguno acepte ser mero exportador de minerales en bruto, sino que entre todos se exija que el proceso de exploración se haga en su suelo, generando empleos y protegiendo la riqueza.
Las elecciones de 2026
Las elecciones son disputadas en un contexto regional donde la extrema derecha juega un papel, pero donde hay expectativas de victoria en Colombia por la unidad del Pacto Histórico y los logros del gobierno de Gustavo Petro. Igualmente, se consolida un proceso de transformaciones en México bajo el gobierno de Claudia Sheimbaum.
La reelección de Lula significaría seguir el proceso de reconstrucción, luego de los cuatro años de una extrema derecha destructiva. En efecto, Brasil retomó el ritmo de crecimiento medio de 2,8% en los últimos tres años y el salario mínimo aumentó en 12% su poder adquisitivo.
También, es un hecho el incremento de las inversiones del 60% en educación y 30% en salud, el aumento de la oferta de alfabetización y de la cobertura de vacunación, lo que se debió a la reorientación del gasto y al control del déficit que dejaron los cuatro años de Jair Bolsonaro, calculado en más de 40 millones de dólares.
La estrategia electoral consiste en construir un bloque democrático popular, que articule a los trabajadores, el sector productivo, el empresariado nacional y los movimientos sociales en una colación que construya las bases de un pacto para el desarrollo con soberanía en las actuales circunstancias de crisis internacional.
El Brasil del futuro
El PT presentó al gobierno un conjunto de propuestas para el análisis, centrados en la planeación para fortalecer la base productiva ante la inestabilidad global, la crisis climática y la volatilidad energética.
Se trata, como dice el manifiesto final, de un “proyecto de país” que se contrapone a los intereses de los Estados Unidos en la región. Tanto es así que Brasil fue uno de los primeros en soportar las tarifas arancelarias unilaterales de Trump.
El Congreso concluyó afirmando tres ejes importantes para avanzar: la reconstrucción del Estado como inductor del desarrollo, por medio de la inversión pública participativa; el crecimiento con distribución de riqueza, ampliando derechos, y la reforma política y electoral, que democratice el ejercicio del poder en favor del pueblo.
La intervención de Lula
La intervención del presidente en la instalación del congreso, transmitida virtualmente, inyectó ánimos y fue recibida con entusiasmo.Lula planteó, literalmente, que su gobierno es ganador en términos de logros sociales, “así que los que tienen que correr son los otros, es la extrema derecha”.
Por eso, remató: “No está en debate quien es mejor o peor o quien gobierna mejor que quien porque eso ya lo demostramos. Lo que define esta elección es nuestra capacidad de comunicarle a la gente, de decirle a la gente lo que hemos hecho. Hay que ganar las calles, con el panfleto, con la conversa directa. Tenemos es que hacer campaña como siempre hemos hecho, en la calle, junto al pueblo”.
Con información del Semanario Voz