La trayectoria de Aída Quilcué ha estado marcada por una combinación de liderazgo comunitario, defensa de derechos humanos y participación política. Foto Equipo de Comunicaciones Aída Quilcué
La designación de la lideresa nasa y senadora Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda por el Pacto Histórico abre una discusión histórica sobre la presencia —y la persistente invisibilización— de los pueblos indígenas y de las mujeres indígenas en la política colombiana
Por: Flora Zapata
El anuncio de la senadora indígena Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial del candidato Iván Cepeda por el Pacto Histórico marca un momento significativo en la política colombiana contemporánea. La designación, realizada en marzo de 2026, busca ampliar la representación de los pueblos indígenas dentro de la contienda presidencial y proyectar su liderazgo en el escenario nacional.
Sin embargo, el significado de esta candidatura trasciende la coyuntura electoral. La trayectoria de Quilcué se inscribe en una larga historia de movilización indígena en Colombia, particularmente en el suroccidente del país. Nacida en 1973 en el departamento del Cauca y perteneciente al pueblo nasa, la lideresa ha sido una figura central del movimiento indígena organizado, especialmente en el Consejo Regional Indígena del Cauca, CRIC, una de las organizaciones indígenas más influyentes del país.
Desde la década de 1990 participó en procesos organizativos comunitarios, inicialmente como promotora de salud indígena. Con el tiempo se convirtió en dirigente regional y en una de las voces más visibles de las mingas indígenas, movilizaciones que han reclamado tierra, autonomía territorial y garantías de derechos colectivos.
En este sentido, su candidatura puede interpretarse como la llegada al centro del debate político nacional de una tradición organizativa que históricamente se ha desarrollado desde los márgenes del poder estatal.
Los pueblos indígenas en la política colombiana
Para comprender la importancia simbólica de esta candidatura, es necesario situarla en el contexto histórico de las relaciones entre el Estado colombiano y los pueblos indígenas. Durante buena parte de la historia republicana, las comunidades indígenas fueron consideradas poblaciones subordinadas o “menores de edad” jurídicamente bajo regímenes de tutela estatal.
Fue solo con la Constitución de 1991 que Colombia se reconoció oficialmente como un país pluriétnico y multicultural. A partir de entonces se crearon mecanismos institucionales como las circunscripciones especiales indígenas en el Congreso y se fortalecieron los resguardos como formas de autonomía territorial.
Sin embargo, el reconocimiento jurídico no eliminó las tensiones estructurales que enfrentan los pueblos indígenas: conflictos por la tierra, violencia armada en territorios ancestrales y exclusión socioeconómica. En este escenario, el movimiento indígena ha construido una política propia basada en principios de autonomía, defensa del territorio y participación comunitaria.
La elección de Quilcué como senadora en 2022 por la circunscripción especial indígena fue parte de este proceso de inserción institucional de liderazgos comunitarios en el sistema político nacional.
Su paso del activismo territorial al Senado y ahora a una candidatura vicepresidencial refleja el tránsito de las luchas indígenas desde la protesta social hacia la disputa directa por el poder estatal.
La trayectoria política de Aída Quilcué
La trayectoria de Aída Quilcué ha estado marcada por una combinación de liderazgo comunitario, defensa de derechos humanos y participación política. Durante los años 2000 fue consejera del Consejo Regional Indígena del Cauca y contribuyó con la organización de la Minga Indígena de 2008, una de las movilizaciones más importantes del movimiento indígena colombiano en las últimas décadas.
Su vida personal también refleja la violencia que enfrentan los líderes sociales en el país. En 2008 su esposo, Edwin Legarda, murió tras un ataque de soldados del Ejército colombiano contra el vehículo en el que se desplazaba, un hecho que generó una fuerte reacción de organizaciones de derechos humanos.
Lejos de abandonar la actividad política, Quilcué continuó su labor como defensora del territorio y de los derechos de los pueblos indígenas, recibiendo en 2021 el Premio Nacional de Derechos Humanos por su trayectoria en la defensa de estas causas.
Su liderazgo se ha caracterizado por una agenda que articula demandas indígenas tradicionales —territorio, autonomía y cultura— con debates contemporáneos como la protección ambiental, la defensa de la vida y la paz territorial.
Mujeres indígenas y política: entre la invisibilidad y la resistencia
Uno de los aspectos más relevantes de esta candidatura es su dimensión de género. Las mujeres indígenas han desempeñado históricamente roles fundamentales en los procesos organizativos de sus comunidades, pero su presencia en los espacios de representación política formal ha sido limitada.
La política latinoamericana ha estado dominada por estructuras patriarcales que invisibilizan las voces de las mujeres y esta exclusión se profundiza cuando se trata de mujeres indígenas. Estas enfrentan simultáneamente múltiples formas de discriminación: por género, por origen étnico y por pertenencia territorial.
En muchos procesos organizativos indígenas, las mujeres han sido guardianas de la memoria cultural, mediadoras comunitarias y lideresas de procesos sociales, pero con frecuencia han sido relegadas en los espacios de toma de decisiones formales.
En este contexto, la figura de Aída Quilcué representa una ruptura parcial de estas barreras. Su trayectoria demuestra que las mujeres indígenas no solo participan en la política, sino que también lideran movilizaciones, construyen agendas públicas y articulan luchas territoriales con debates nacionales.
La visibilidad de una mujer indígena como candidata a la vicepresidencia puede contribuir a ampliar el imaginario político del país sobre quiénes pueden ocupar posiciones de poder.
El significado político de la fórmula Cepeda-Quilcué
La fórmula presidencial compuesta por Iván Cepeda y Aída Quilcué también puede interpretarse como un intento de articular diferentes tradiciones de la izquierda colombiana.
Por un lado, Cepeda representa una trayectoria vinculada a la defensa de los derechos humanos, la memoria histórica y las luchas contra la impunidad. Por otro, Quilcué simboliza la política comunitaria indígena basada en la autonomía territorial y en formas colectivas de organización.
Esta convergencia puede entenderse como parte de un proceso más amplio en América Latina en el que los movimientos sociales —indígenas, campesinos, feministas y ambientales— buscan traducir sus agendas en proyectos de poder estatal.
En este sentido, la candidatura de Quilcué no solo busca ampliar el electorado del Pacto Histórico hacia los pueblos indígenas, sino también expresar una visión política que incorpora las demandas territoriales, ambientales y comunitarias en el debate nacional.
Con información del Semanario Voz