Foto Ahsanul Haque / Pexels
En medio de una nueva aventura guerrerista de EE.UU. e Israel contra Irán, no se debe olvidar a Palestina y su resistencia heroica ante el sionismo
Por: Luz Marina López Espinosa
@koskita
Desde hace muchos años, el proyecto político militar del sionismo, como doctrina racista y supremacista, es dominar el mundo, haciendo realidad el mito bíblico del “gran Israel”. Es la conquista y destrucción no solo de las naciones vecinas como Líbano, Siria, Libia e Irak, sino de su cultura y de la humanidad que habita estos territorios.

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Sobre lo anterior, se demuestra su verdad con solo ir a los textos de los fundadores y doctrinantes del sionismo que sin ambages y con toda la pasión, reivindican su superioridad sobre los demás conglomerados humanos, sean estos nacionales, raciales, culturales o religiosos.
Superioridad que les otorgaría per se el indiscutible derecho de dominar a ese resto del género. Como un señor ungido con todos los atributos terrestres y celestes de supremacía, cree que tiene el derecho de tratar a un semejante como alguien que carece de ellos: como un ser despreciable cuyo destino es ser esclavo de ese superior. No es retórica ni discurso, está escrito.
Las invenciones sionistas
El mismo gran historiador judío israelí Shlomo Sand ha hecho claridad sobre los tópicos —imposturas, mentiras repetidas como verdades, mitos impuestos como historia—, base del sionismo judío y que le sirven al régimen israelí para justificar genocidios y brutalidades. En sus libros: “La invención del pueblo judío” y “La invención de la tierra de Israel”, pone en cuestión eso de la diáspora, la expulsión y dispersión de los judíos por toda la tierra, y el regreso al territorio que supuestamente les pertenece y del cual fueron desterrados.
Esa posición que el sionismo postuló desde finales del siglo XIX tuvo su fachada y argumento moral en la religión y cultura judías. Es decir, estas, que en sí no tienen absolutamente nada que ver con el sionismo, fueron y son cada día instrumentalizadas por para vender el producto sionista.
Tras la fachada promocionada hasta el cansancio de los judíos como “pueblo perseguido” y “pueblo sin tierra”, los sionistas, por encima de toda normativa, del derecho humanitario, los tratados sobre la guerra y la paz y las convenciones sobre genocidio, hacen irrisión de todo y “se defienden” cometiendo crímenes contra la humanidad como los que vemos desde 1947 contra la población Palestina, con los picos de ferocidad y barbarie de los dos últimos años.
Y qué decir de la posición del sionismo frente a la instancia que, sin legitimidad alguna, pero abrogándose ser la máxima autoridad en ese momento, las Naciones Unidas, ONU, dispuso en 1947 que Palestina, tierra con propietarios y habitante milenarios, fuera repartida: una parte para los judíos que vendrían de Europa —no propiamente perseguidos—, y otra para los palestinos, sus ocupantes históricos.
Pues bien, esa Asamblea General y su máximo órgano, el Consejo de Seguridad, proverbialmente han sido objeto de burla por parte del Estado de Israel nacido de esa malhadada Resolución 181 de 1947, cada vez que una resolución tacha y censura la ilegitimidad de sus acciones y le exige cesar en ellas. Y han sido cientos de resoluciones. Por eso se dice, con razón, que la única Resolución de las Naciones Unidas que Israel ha aceptado es la que permitió la creación de su Estado.
Lo que se ha descrito explica cómo y por qué eso del “antisemitismo”, pauta y libreto de cartilla del sionismo para atacar y descalificar a todo aquel que denuncie las tropelías del estado de Israel, carece de todo fundamento, es una soberana impostura.
Judío no es igual a sionismo
Son numerosos judíos, auténticos judíos en lo que de cultura y religión tiene esta adscripción, los que abiertamente se declaran antisionistas y repudian la forma como se utiliza su fe en aras de un propósito político militar.
El sionismo no tiene nada que ver con lo espiritual y religioso del judaísmo. ¿Antisemitas estos judíos? ¿Y los rabinos ortodoxos y sus comunidades, que son perseguidas por el Estado de Israel, serán también antisemitas? ¿Y lo serán las víctimas de los campos de concentración del nazismo y sus herederos, que con toda firmeza rechazan los asesinatos de palestinos y los equiparan con los que ellos padecieron bajo el régimen de Hitler?
Hay mucho más sobre esa impostura del “antisemitismo”, muletilla descalificadora que las y los periodistas del mundo llevados a Israel y atendidos como príncipes, mostrándoles las bondades materiales y espirituales de su sistema —no los llevan a Gaza— se encargan de utilizar contra toda aquella persona, partido u organización que ose denunciar las iniquidades de ese Estado. Es el pago por las atenciones recibidas, el compromiso con el que quedan. Lo vemos a diario en nuestros medios de comunicación.
El secreto mejor guardado del mundo es que los israelíes no son semitas. Ellos, casi todos, son asquenazíes, descendientes de los antiguos jázaros, sin absolutamente ninguna vinculación de sangre, cultural ni geográfica con los pueblos semitas. Son europeos, polacos, húngaros, alemanes que llegaron a Palestina —de donde nadie los había sacado porque jamás habían estado allí— y una vez asentados en el territorio, comenzaron a masacrar y a expulsar de su tierra a los semitas de allí, el pueblo descendiente de Sem y que habla una lengua semita.
Luego, los verdaderos antisemitas son los sionistas israelíes que asesinan al linaje de Sem, el pueblo palestino.
Con información del Semanario Voz