Ilustración de Lamine Yamal ondeando la bandera de Palestina. Foto Creative Commons
El jugador español de 18 años y promesa del Barcelona ondeó una bandera de Palestina en las calles de la capital de Catalunya. La imagen significa un duro golpe para quienes buscan desesperadamente separar la relación entre fútbol y política
Por: Óscar Sotelo Ortiz
@oscarsopos
La imagen le dio la vuelta al mundo. Todo ocurrió el 10 de mayo en medio de la celebración por el campeonato local de fútbol que ganó el FC Barcelona. Ese día en las calles de la capital de Catalunya no existía otro sentimiento que el de la alegría. Hasta ahí, nada extraordinario. La hinchada culé estaba de fiesta.
La situación cambió cuando el autobús descapotable, que llevaba a la plantilla del equipo, entró al Passeig de Gràcia. Lamine Yamal, jugador español de 18 años y promesa del Barcelona, pidió una bandera tricolor que se encontraba dentro del público. Era la bandera de Palestina. El joven futbolista la ondeó por varios minutos, mientras miles de cámaras registraron el momento.
De inmediato, el gesto revolucionó al fútbol. La coyuntura es sensible. En el mundo hay genocidios, guerras y violaciones a los derechos humanos. Pero la FIFA es conveniente y, en la gran mayoría de los casos, mira para otro lado. Además, en pocos días será el mundial en Estados Unidos, país que viene pateando el tablero geopolítico con su poder militar.
Poder y corrupción
La instantánea de Lamine con la bandera de Palestina es un duro golpe a la FIFA, pero también a quienes desde todos los flancos del mundo deportivo, buscan desesperadamente separar la relación entre fútbol y política.
La FIFA es una organización supranacional que dirige a todas las federaciones de fútbol a nivel global. Es megapoderosa porque controla una cantidad inimaginable de dinero, tiene conexiones económicas y políticas en todos los continentes, y toma decisiones estratégicas que afectan la pasión colectiva que provoca el juego.
En las últimas décadas, la FIFA ha sido duramente cuestionada. El famoso escándalo del FIFA-gate dejó al descubierto a una organización atrapada en la corrupción, el lavado de dinero y el fraude. Dirigentes y ejecutivos del fútbol fueron condenados, con Estados Unidos como principal protagonista.
Al perder la sede del mundial de 2022, las agencias estadounidenses de investigación y acusación pusieron la lupa sobre la FIFA. Cayó el histórico y corrupto presidente Sepp Blatter y llegó Gianni Infantino con la promesa de cambios. Pero todo siguió igual o peor. Y como evidencia están las críticas que permean al próximo mundial de México, Canadá y Estados Unidos.
Críticas al mundial
La primera de ellas es la farsa institucional de separar la política con el fútbol. La FIFA sancionó ferozmente a Rusia por la guerra en Ucrania, pero miró para otro lado cuando la entidad sionista bombardeó Gaza y asesinó a más de 60 mil palestinos. En la actualidad, la Asociación de Fútbol de Israel sigue competiendo con total normalidad.
El segundo asterisco tiene foto. En diciembre de 2025, en el sorteo de la fase de grupos del mundial, Infantino le entregó a Donald Trump el Premio de la Paz de la FIFA, galardón que recompensa a las personas que han tomado acciones por la paz global y han unido a las personas en el mundo.
Cinco meses después, el balance aproximado del Premio de la Paz de la FIFA son 6.800 muertos, más de 28 mil heridos y cerca de cinco millones de desplazados en las intervenciones militares de Estados Unidos en Venezuela, Líbano e Irán.
Finalmente, están las críticas que giran alrededor del certamen. Las entradas excesivamente caras son prohibitivas para el público en general; la administración Trump ha puesto restricciones para las personas que viajen de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal; existe la posibilidad que el ICE haga presencia en los eventos deportivos, y el país anfitrión está en guerra con uno de los participantes.
Todo un preámbulo que aumenta la incertidumbre con respecto al trasfondo social que se vivirá en el mes que durará el mundial.
Ganar o perder, pero siempre con humanidad
Lamine Yamal es español de sangre africana. Su padre es marroquí y su madre ecuatoguineana. Profesa la religión musulmana y en diversas ocasiones se ha plantado en contra del racismo y la xenofobia, fenómenos normalizados en los estadios europeos. Es un crack en la cancha y por fuera de ella.
Pero el gesto de la bandera trasciende. Mientras los veteranos Cristiano Ronaldo y Lionel Messi visitan con complacencia a Donald Trump en la Casa Blanca, el joven de 18 años reivindica su sangre migrante y se solidariza con los colores de un pueblo víctima de un genocidio y que resiste todos los días a la barbarie. La gambeta contra el poder.
“Ganar o perder, pero siempre con democracia”, dijo en alguna oportunidad el futbolista brasileño Sócrates de Souza. Hoy, con el desarrollo de los acontecimientos, lo parafraseamos de cara al mundial: ganar o perder, pero siempre con humanidad.
Con información del Semanario Voz