Desde la prisión de Shikma, el activista brasileño Thiago Ávila envió una carta a su hija Teresa, en medio de denuncias por torturas y tras ser secuestrado en aguas internacionales.
No es fácil explicarle a un niño que el mundo, tal como lo conoce, no es el mismo para todos. Que mientras él va a la escuela o juega en la calle, hay otros que pasan sus días entre escombros, sin rutinas, sin seguridad, sin algo tan básico como la certeza de volver a casa. Y que eso ocurre en su mismo planeta.
La carta que el activista brasileño Thiago Ávila envió a su hija Teresa desde la prisión de Shikma, en los territorios de la Palestina ocupada, está atravesada por una pregunta incómoda: cómo es posible sostener un mundo así.
Un texto breve, dictado a su abogado, que funciona a la vez como mensaje personal y como denuncia política. Un texto de mucho dolor.
“Espero que algún día comprendas que, como te amo tanto, no había nada más peligroso para vos que vivir en un mundo que acepta el genocidio”, refirió la misiva y denunció que la normalización de la violencia contra civiles, y especialmente contra niños, implica una forma de complicidad.
Ávila, referente de la lucha por los derechos humanos, se encuentra detenido junto al hispano-palestino Saif Abukeshek tras ser interceptados ilegalmente por fuerzas sionistas en aguas internacionales mientras integraban la Flotilla Global Sumud.
El secuestro terminó con su traslado a la prisión de Shikma, en Ashkelon.
La misiva de Ávila no es solo un adiós temporal a su familia sino más bien, y ante todo una denuncia política sobre la situación de la infancia en Palestina.
Más de un millón de niños y niñas en la Franja de Gaza enfrentan condiciones que desafían cualquier noción de humanidad, pues debido al bloqueo criminal de insumos médicos, cientos de niños pasaron por quirófanos improvisados en condiciones de dolor indescriptible.
La hambruna provocada por “Israel” golpea con especial saña a los más pequeños y provoca cuadros de desnutrición severa y muerte por falta de alimentos básicos.
Niños que ni siquiera conocen los conceptos de “sionismo” o “imperialismo” crecen bajo el estruendo de las bombas y el odio de una ocupación que busca negarles el futuro.
Un mensaje a su hija desde la cárcel
“Sé que me extrañas muchísimo, y todos los padres y madres de niños palestinos también los extrañan profundamente y darían cualquier cosa por vivir una vida de amor, felicidad y alegría”, escribió Ávila.
La situación del activista generó además denuncias de malos tratos. Su esposa, Lara Souza, aseguró al medio brasileño Correo Braziliense que Ávila presenta lesiones visibles en el rostro y el cuerpo, y que sufrió golpes en la cabeza con consecuencias temporales en la visión.
Tanto la interceptación en alta mar como su posterior detención en territorio ocupado vulneran normas básicas del derecho internacional.
La madre del activista Thiago Ávila, Teresa Regina de Ávila e Silva, falleció este 5 de mayo en medio de la campaña internacional que exige la liberación de su hijo, recluido en una prisión en “Israel”.
Una carta que se convierte en posicionamiento político
Para Ávila, honrar la vida significa no ser cómplice. En su carta, señala directamente a los responsables del horror —Trump, Netanyahu y Ben-Gvir— y reafirma que la seguridad de las próximas generaciones, incluida la de su hija en Brasil, depende de la capacidad de los pueblos de rebelarse contra la barbarie.
El llamado de libertad por Thiago Ávila y Saif Abukeshek se suma a la exigencia global por el cese del fuego inmediato y el fin del genocidio. La lucha por un mundo donde ningún niño sea blanco de una bomba o víctima del hambre es la tarea histórica de nuestro tiempo.
“El grito de ’¡No olvides Palestina!’ con el que Thiago Ávila se despidió de su hija desde la celda de aislamiento, es hoy una bandera de lucha que trasciende fronteras.
En la historia reciente, pocas formas de testimonio político tuvieron la carga simbólica de las cartas escritas desde la prisión o el exilio a los propios hijos.
Cartas que se vuelven historia
Una de las referencias más conocidas es la carta del Che Guevara a sus hijos, escrita poco antes de su última salida de Cuba. En ella, el guerrillero intenta explicar una ausencia que sabe definitiva y deja una enseñanza que va más allá de lo familiar: la idea de que el compromiso político puede implicar renuncias personales irreversibles.
Algo similar ocurrió con las cartas de presos políticos durante las dictaduras del Cono Sur. En Chile y Argentina, numerosos militantes escribieron a sus hijos desde centros de detención clandestinos o cárceles formales, tratando de sostener un vínculo en condiciones extremas.
Como en otros momentos históricos, la frontera entre lo privado y lo político se diluye, y la carta de Ávila deja de ser únicamente un mensaje familiar para convertirse en testimonio de una época atravesada por la violencia y la disputa moral sobre sus límites.
Con información de Al Mayadeen Español