Las contradicciones del mandatario estadounidense se hacen evidentes al alternar entre la retórica de una supuesta “toma amistosa” y la ejecución de una política de asfixia. Foto: EFE
El presidente Donald Trump, señaló que después del asedio de las tropas del Pentágono contra Venezuela e Irán, «Cuba es la siguiente”
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nuevamente posicionó a Cuba en el centro de su retórica belicista. Durante un discurso para la Iniciativa de Inversión Futura en Miami, el mandatario estadounidense afirmó que, tras las agresiones ejecutadas contra Venezuela e Irán, la isla caribeña es la siguiente en la lista de objetivos de Washington.
«A veces hay que emplear la fuerza militar y Cuba es la siguiente», aseveró Trump en un tono que osciló entre la amenaza directa y la ironía, pidiendo a los medios de comunicación presentes que ignoraran tal declaración.
No es la primera vez que el magnate utiliza estos términos. El pasado 16 de mayo, calificó a la mayor de las Antillas como una «nación debilitada» y llegó a declarar que «tomar Cuba sería un gran honor». Estas afirmaciones se producen en un contexto de asfixia económica extrema, donde el bloqueo petrolero impuesto por la Casa Blanca desde enero ha generado un severo déficit energético en la isla.
Trump recordó con cinismo el uso de la Delta Force en enero pasado para intentar desestabilizar a Venezuela y atacar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro, sugiriendo que acciones similares podrían ser aplicadas contra el pueblo cubano para forzar un cambio de régimen.
Las recientes amenazas de Donald Trump surgen como respuesta a la postura del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, quien ratificó la disposición de su país para entablar un diálogo con Estados Unidos bajo una modalidad colectiva.
El mandatario de la isla fue enfático al aclarar que, en cualquier proceso de acercamiento, el sistema político cubano y las decisiones soberanas de su pueblo no están en juego ni son negociables frente a las presiones externas.
En una entrevista, el líder cubano subrayó que el destino de la nación caribeña no depende de las determinaciones de la Casa Blanca, denunciando que Washington siempre ha mantenido el anhelo histórico de apoderarse de Cuba.
Contradicciones en el seno del poder estadounidense
A pesar de la agresividad del discurso presidencial, las fisuras en la estrategia de Washington quedaron expuestas ante el Congreso de EE.UU. El jefe del Comando Sur, general Francis Donovan, contradijo la narrativa de la Casa Blanca al declarar que el Ejército no realiza preparativos para una toma de Cuba.
Ante las preguntas en el Senado sobre un posible ensayo militar para tomar el control del país caribeño, Donovan negó tal posibilidad, asegurando que no tiene conocimiento de planes para apoyar a grupos irregulares con el fin de forzar un cambio de régimen.
l jefe del Comando Sur precisó que el Pentágono solo contemplaría el despliegue de tropas ante supuestas amenazas de seguridad en su embajada o en la base naval que Washington mantiene ilegalmente en Guantánamo
Las contradicciones del mandatario estadounidense se hacen evidentes al alternar entre la retórica de una supuesta “toma amistosa” y la ejecución de una política de asfixia económica permanente.
Pese a que Trump sentenció que la isla está llegando “al final del camino”, la soberanía cubana se mantiene alerta y firme, resistiendo las medidas coercitivas unilaterales que buscan precarizar la vida cotidiana, pero que no han logrado doblegar la determinación del pueblo y su Gobierno.
Con información de TeleSur