Pietro Lora Alarcón
@plalarcon
Los Estados Unidos anunciaron que el próximo 14 de mayo Donald Trump estará en China. Una visita aguardada, en cuyo centro está la batalla por controlar el flujo global de minerales críticos, oriundos de las llamadas “tierras raras”. Y en ese terreno comercial nada molesta más a Trump que tener que reconocer el evidente dominio de China en la cadena de suministro de esos minerales.
En efecto, China domina el 70 % de la extracción y 90% del refino de esos elementos. Es una ventaja comercial de casi 1,2 billones de dólares con relación a los Estados Unidos. La situación impacta el 4% de todo el PIB estadounidense. Para Trump, parte del proyecto MAGA depende de reducir esa ventaja.
Por eso, es fácil deducir que entender el panorama geopolítico implica conocer un poco cuales son estos elementos y donde están localizados. Sucede que las “tierras raras” no son realmente tan raras de encontrar. El problema es que los minerales no están en todo lugar en estado puro. Esta dificultad hace que la financiación para su extracción y separación sea sumamente costosa.
Pero la inversión se justifica, simplemente porque se trata de 17 elementos geoquímicos imprescindibles para producir, prácticamente, toda la tecnología de nuestros días.
Veamos. En esa lista están, por ejemplo, el itrio para la medicina nuclear y que la TV y el computador funcionen; el cerio para encender el carro; el escandio para la industria aeroespacial; el prometió para los rayos X, la batería y la generación de electricidad; el lantano para la fotografía y el cine. Y también están el neodimio, el praseodimio, el disprosio, el samario y el terbio, que se utilizan para producir los aviones de combate, los submarinos, los vehículos blindados y los sistemas de propulsión y radares de identificación.
En 2025, cuando Trump intentó imponer aranceles a China, la respuesta fue dura. El gigante asiático restringió las exportaciones de estos minerales y exigió, para renovar contratos, que los países importadores presentaran informes detallados de uso. La reacción de Alemania y Francia fue inmediata, porque dependen de la importación de China para su sistema de defensa.
Trump supo que imponer tarifas extraterritoriales tiene límites y que conversar con China no es apenas una opción, sino una necesidad.
En la región, Brasil tiene la segunda reserva de tierras raras del mundo. Y en Colombia es conocido el caso de las 1.294 hectáreas de la Reserva Agua Linda, en el resguardo indígena Guacamayas-Maiporé en el Vichada, que la empresa canadiense Auxico reivindica diciendo haber obtenido licencia para explorar de la Agencia Nacional de Minería. Los indígenas alegaron no haberse reunido con la empresa y están alertas por los riesgos de contaminación.
La soberanía sobre las tierras raras es cuestión estratégica para cualquier país que piensa en transición energética y desarrollo. Y Colombia, en el área andino-amazónica, puede liderar un proyecto regional, de protección y gestión de esos recursos.
Con información del Semanario Voz