La migración forzada es una tragedia que parte en dos a las familias que la viven. Es una pérdida total, una pérdida irreparable, porque no hay remesa que logre llenar el vacío de la ausencia, y no hay para quien migra, sosiego alguno; la añoranza es una herida abierta que sangra constantemente en el infortunio de ser extranjero y explotado, estar lejos de lo que más se ama. No hay reparo para el alma de quienes son golpeados por esta vejación, producto de sistemas fallidos, corrompidos y opresores.

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